martes, 6 de mayo de 2008

Pensamientos del alba

Ahora él duerme. Es temprano y todo está en silencio. Sólo persiste, infinito, el sonido de la fábrica de al lado. Yo ya me estiro, me desperezo de la fatiga de dormir junto a otro, junto a sus ruidos, sus movimientos, sus conversaciones. Yo ya me quito la noche que se vuelve distinta porque la cama tiene otro peso, otra temperatura, otros perfumes. A veces me entristezco por lo que desconozco, por lo que no puedo siquiera comprender, por lo que sé que me vedó mi vida. Pienso a menudo en los hijos que no tuve, en esos dos bebés que se perdieron. Pienso en mi hijo y su ser hombre. Pienso en lo que él espera ahora de mí y en cómo hacerlo. Pienso en Luca, mi sobrino, y en la nostalgia constante que tengo de sus palabras. Pienso en ella, allí y en su fragilidad ahora. Pienso en días pasados con una mezcla de pena y rebeldía adolescente. Pienso en mis amigas, las próximas, las lejanas, en las charlas que sabemos tener, las trascendentes y las cotidianas y extraño a Volonteri que sabe ver en mí a golpe de pestañas. Y pienso en él que es ahora la familia más próxima que tengo: en sus hijas, en su llanto catártico con los amigos, en su baño, en sus enojos, en sus paciencias y sus hartazgos, en sus libertades y sus reclamos. Pienso en los seiscientos días que llevamos compartidos de esta manera tan suelta, tan distante y, pese a todo, tan indisolublemente unida. Pienso en el viaje que me espera y en por qué siento que es como un primer periplo. Pienso en mis miedos y en mis fortalezas. Pienso en mis egoísmos y en mis generosidades, pienso en todas mis ternuras y en todas mis durezas. Él ahora duerme. Yo escribo y lloro. A veces leo y me busco desaforada en medio de incontables palabras. No sé cómo es esto y me asusto a menudo. Quiero volver atrás para hallar el sitio donde todo se fue desbarrancando en mi vida y repararlo para aprender a dar tan sólo pasos de comedia y no este planteo inconformable de tragedia que me atraviesa día a día y que sigue las reglas del género perpetuándose a sí mismo. Pero él duerme y yo cerré la puerta para andar por la casa en puntillas hasta que sea la hora del mate y me lleve a la escuela. Creo que veces lo necesito aunque finja- Volonteri, como siempre- no necesitar nada.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Lo sé porque te conozco a golpe de pestaña, porque hago lo mismo, exactamente lo mismo. Pero tranquila él sabe que finjís. Solo la seguridad absoluta del verdadero amor (bueno verdedero para nosotras) te permite esa incertidumbre, esa lejanía, esa prescindencia. No sufras, no nacimos para ser esposas. Diafrutá porque naciste para ser amada y seducir... Tranquila nena, tranquila...
Obviamente, la volonteri

Anónimo dijo...

FINGÏS

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