domingo, 25 de mayo de 2008

Qué le vas a hacer...


Nunca fui a ver jugar a Huracán. Mi papá, hincha furibundo de Ríver, me llevó dos veces con él: una a ver a River contra Platense y otra, contra Newbells. Yo era muy chiquita la primera y me impresionaba que la gente meara en las escalinatas de la popular. La otra fue una noche en familia y me entretuve mirando cómo los de Newbells se veían de un lado rojos y negros y del otro, todos negros. En el 73 me hice de Huracán porque en mi casa todos eran de River y la final la ganamos nosotros. El fútbol nunca me interesó, pero los alumnos -para los cuales mi ser de Huracán simboliza algo que no podría definir bien- hicieron que tuviera que interesarme al menos por los resultados. Todos los pibes me recibían el lunes con el resultado del ascenso y yo debía -para mantener cierto prestigio- estar, al menos, informada de qué carajo había pasado. En el 2006 volví a ir a la cancha con el hincha de River que me supe conseguir (¿Por qué será que River me está siempre pisando los talones en los varones que me rodean? ¿Será que me hice de Huracán para resistir al imperio viril?). Otra vez me tocó River y Newbells, pero esta vez me atrapó la hinchada de River, sus enormes banderas, sus cantos. Ayer volví a ir. Esta vez iba a ver a Huracán, previas advertencias de que no gritara los goles de Huracán en la platea del equipo contrario. No hubo nada que gritar. Pero, por adentro del cuello de mi campera, sufrí cada vez que no pudimos llegar al arco. Me sorprenden las personas: unos y otros cantaban no contra el rival momentáneo sino contra el eterno, llámense, en este caso, Boca o San Lorenzo. Los tuvimos a maltraer en el primer tiempo, muy a maltraer. Pero ellos sacaron el as de la manga y lo pusieron a Ortega. Atrás mío, cuando el jugador le puso el pase del gol al pibe Buonanotte, un tipo gritó: "Pero denle whisky si quiere, pero pónganlo a jugar..." Huracán perdió 1 a 0, pero yo lo vi. Nosotros alentamos más que ellos y éramos una octava parte del Monumental. Hasta paragüitas rojos y blancos llevábamos. Al salir me crucé con un par de alumnos; pese a todo, yo iba feliz.

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