martes, 24 de junio de 2008

Milagro de una tarde en el Museo del Holocausto


Son revoltosos, nunca quieren hacer nada, me enojan, no logro llegar a ellos, molestan, charlan, me exasperan. Les hablo de mil maneras diferentes para ver si se conmueven y alguna vez me dejan dar una clase completa. En un acto de absoluta inconciencia pido una salida para ir al Museo del Holocausto. Voy vencida de antemano, pensando y creyendo que no tiene sentido. ¡Si ni siquiera leyeron el Diario de Anna Frank...! -me digo desalentada. Previendo la catástrofe y la vergüenza, subo al micro y les digo: "Vamos al Museo, les pido respeto. No es el Museo de una comunidad religiosa, no murieron seis millones de judíos, murieron hombres, niños, mujeres, adolescentes como ustedes, que pertenecían a la humanidad. Vamos a un Museo que conmemora un hecho luctuoso de toda la humanidad. Sean respetuosos, por favor." Y me siento en el primer asiento a leer, desesperanzada de que mis palabras hubiesen prendido en ellos. Pero, como siempre, los adolescentes me sorprenden. Bajan del micro con una actitud reverencial, siguen a la guía como quien entra a un templo, hacen preguntas, opinan, dicen muchos "¿por qué?", hacen acotaciones y advertencias que más de un neonazi haría bien en escuchar. Están atentos y quieren saber. Después subimos a la segunda planta y durante casi una hora y media un sobreviviente de más de ochenta años, Juan, les cuenta su vida. Cuando yo creo que están hartos de ese extensísimo relato, levantan la mano y hacen preguntas. Al salir, el más disperso del aula me alcanza y me dice: "Un capo este Juan." Vuelvo hablando con Malena sobre Dios y la religión. Estamos regresando casi veinte minutos después de su horario de salida habitual, pero nadie se quejó. A veces me olvido de que la conciencia trae aparejados milagros. Hoy viví uno de ellos y agradezco a mis alumnos por permitirme creer que siempre hay posibilidades para este mundo, que siempre podemos intentar volar como esas mariposas que ya no estaban en Lodz.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Mierda, Pinasco, no me hagas llorar tan temprano.
Mónica

Anónimo dijo...

julieta, nuevamente aparece tu "esencia sutil de azahar", esa que converge en la maestra que siente a sus alumnos un poco hijos también, ese azahar que es cortado cien veces, mas se apresura a florecer, solo por el placer de ser parte de otra primavera.
si al menos una de muchas maestras te leyera, seguro que tendríamos alumnos mas cercanos y felices.
con una gran cuota de admiración. te sigo leyendo desde el otro lado de Los Andes.
abrazos desde nuestra ruca azul.
tole

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...