sábado, 12 de julio de 2008

¿Cómo será?


Marsella, ¿cómo será, Marsella? ¿Cómo será la Cathédrale de la Nouvelle Major? ¿Y Notre Dame de la Garde? ¿Cómo será ese mundo de mosaicos bizantinos? ¿Y el Vieux Port? ¿Y la rue de la République? ¿Cómo serán sus parques y jardines? ¿Sus islas con castillos? ¿Y andar por la corniche cercana al mar que soplará frío? ¿Qué quedará en su aroma de aquellos griegos de la Focea que la fundaron en el año 600 a.C.? ¿Qué rastros de Pompeyo y de César habitarán sus muelles cuando el Mediterráneo, ese mar de la historia, golpee en sus orillas? ¿Qué huellas de las luchas entre los visigodos, los ostrogodos y los francos se esconderán en las pulidas superficies de sus piedras? ¿En qué recodos guardará los recuerdos de las pestes que devastaron sus calles en 1347 y 1720? ¿Qué de sus rebeliones ciudadanas contra el poder francés de los reyes Borbones? ¿Se escuchará en sus casas aún el eco de esas voces que marcharon hacia París para empujar la ola de 1789 y su grito se convirtió en un himno? ¿Cómo será caminar por el sol de sus calles con la mano de Maïa encerrada en mi mano entendiéndonos con la lengua de la sangre que nos une más acá de la distancia que nos impone la geografía y la historia que ha escrito mi familia? ¿Cómo será volver a oír la voz anhelada de mi hermano en otro idioma, en mi propia lengua, en el recuerdo de los días que nos unieron y el relato de los que nos separaron? ¿Me alcanzarán las horas para no empezar a extrañarlos cuando los vea ese día de diciembre en el andén de esa estación y llore y comamos cerealitas hasta hartarnos y dulce de leche en cuchara de sopa? ¿Cómo regresaré a mi ciudad con el corazón tan cambiado, tan nuevo, tan viejo, tan otro? ¿Cómo será viajar hacia el centro de mi propia sustancia, con tanto guardado en mis glóbulos y ser yo cuando ya sea otra? ¿Cómo será Marsella en mis recuerdos cuando vuelva y Maïa y Pablo sean dos voces ancladas en la memoria de su puerto, sus fuertes, sus castillos, sus catedrales que irán desapareciendo de mis pupilas mientras ellos crecen en ese músculo que bombeará mi sangre noche y día hasta que todo cese y yo vuelva a flotar entre las hojas de las horas que se irán para no volver?

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Marsella es una ciudad
donde no hay trabajo pero esta el mar
donde la gente anda con la remera celeste y blance del OM (équipo de futbol de Marseille)
donde la gente se siente primero marsellés y despues francés
donde los autos no te dejan pasar
donde los extranjeros se sienten en su casa
donde las gaviotas vuelan a la noche y la ciudad las ilumina
donde pones aceite de oliva
donde la playa hace que toda la gente sea igual
donde sopla el mistral y te volas
donde el mar no tiene olas
donde la gente tiene un acento divertido



y donde la Gorda me va a hacer 3000000000000 de preguntas y no voy a tener ni idea

un besote el Enano Poeta

Julieta Pinasco dijo...

Ya lloré y faltan un poco más de 160 días para que te vea.
La gorda.

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