domingo, 6 de julio de 2008

El varón del tango



No tenía yo más de diez años y todavía se usaban los discos, que eran unos círculos negros que se ponían debajo de una púa que, decían, era de diamante. Mi papá tenía una nutrida colección de música de tango y se sabía casi todos de memoria. Ante cada situación, miraba con sus ojos tan grises que parecían, a veces, casi blancos, y cantaba el tango apropiado. Una vez, no recuerdo el día ni la ocasión, mi papá me hizo oír a Julio Sosa y "Madame Ivonne". Por alguna misteriosa razón que no logro penetrar, no pude dejar de oírlo durante años. Alondra gris, tu dolor me conmueve; tu pena de nieve, madame Ivonne, cantaba Sosa. Con seguridad no entendía ni la mitad de sus palabras, pero algo en esa letra, en esa voz, me traspasaba y me emocionaba hasta las lágrimas. Anteayer lo busqué y encontré y volví a escucharlo. Sigo sin comprender su misterio, pero produce en mí el viejo efecto aunque ya no gire en el Kenwood y sea ahora una serie de ceros y unos en mi computadora. Fue como volver a pasar la tarde con papá.

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