viernes, 25 de julio de 2008

La larga noche


Atrás la larga noche de los tiempos, hecha, la mayoría de las horas, de cristales y espejos. Atrás los paredones desvestidos donde acabaron las voces en el mismo silencio, repetido, inexacto, primero. Atrás la soportada esperanza de que sea la aurora, cada vez, cada mañana, cada segundo. Y siempre yo diciendo que ya vendrán tiempos mejores como si sólo fuera un asunto que le atañe al futuro. Hay una voluntad que se deslíe, otra que crece. Hay miles de palabras agazapadas esperando decirse. Hay tormentas detrás de los vidrios mojados tantas veces. Hay huracanes y brisas matinales que se pierden y se reencuentran. Hay bocas, cuerpos, manos. Y siempre estoy yo que me digo que es tiempo, que ya pasó la noche, que sólo quedan los futuros hechos de viajes, gente, memorias que se vuelven torbellinos. Cae el agua que moja y limpia los recuerdos y la piel se estremece y es nueva, como siempre. Mi espalda es una línea fina de acuarela y de témpera. Bajo mi nuca duermen torcazas tibias como un hueco abandonado por el sol de otro invierno. Junto a mi pecho hay puertas que se abren y cierran. Atrás quedó la larga noche de los tiempos. Subo una ancha escalera de palabras hacia otra luz que se derrama como vidrios de profusos colores. He perdido el sueño. Quién sabe si volveré a tenerlo.

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