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Mostrando entradas de agosto, 2008

Cuando este 25 de diciembre

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Papá:
Cuando este 25 de diciembre me suba a ese avión que ya me está esperando y vuele hasta París, cuando este enero me lleve el tren hasta el sur de España y ponga mi corazón en las calles soleadas de Jerez, vos vendrás conmigo. Lo que yo vea, lo verás; lo que yo sienta, lo sentirás; conocerás de antemano cada uno de los sueños que tendré, sabrás cada una de las palabras que acudirán a las orillas de mis labios. Cuando pasee por esas calles que hace casi cien años vieron partir a tu mamá, estarás en mi sangre protegiéndome como siempre, rescatándome de la desgracia, amparándome con tu silencio de ojos claros, con tus manos de caballero andante, con tu caligrafía perfecta y aprendida, con tu aroma a lavanda, con tu sonrisa triste. Veremos juntos el río que se ondula, aspiraremos el aire del invierno azul de Andalucía y lloraremos ahogados de nostalgia por lo que debió haber sido otra cosa y sólo fue dolor. Papá, como a los nietos que no llegaste a conocer, me ocuparé de relatarle a…

Mi padre

Mi padre tapaba el cielo con las manos, pero el cielo se colaba en sus ojos y lo hacía llorar.

Mi madre

Mi madre tenía un rostro de arena blanca y unas manos de alambre. Sus abrazos eran tapados de puerco espín que sólo otorgaba de vez en cuando y yo nunca tenía el número ganador. Olía a balcón abierto por donde sus gritos se despeñaban o a puerta cerrada en un silencio que yo nunca podía comprender. A su lado mi vida era una eterna justificación de lo que yo deseaba y un sentimiento que se cubrió de conceptos para que no me hiciera sufrir. Mi madre era pequeña, apenas 150 centímetros, pero yo la sentía gigantesca en la desmedida ambición de su demencia que todo lo ocupaba, que todo lo arrasaba, que todo lo acababa. Hubiera sido mejor que ella cumpliera sus promesas tempranas de dejarnos. Así mi infancia habría tenido la imperfección de todas las infancias, algo dulces, algo salobres, llenas de altibajos saludables; pero no, ella la hizo perfecta con su enorme colorido negro... ¿Quién podría sufrir como mamá? ¿Quién podría ser siquiera la sombra de su locura alguna vez? Y desde lo alto …

Mariposas amarillas

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No sé por qué sortilegio he vislumbrado a través de los poros los fragmentos dispersos por las últimas lluvias.
Esta temprana primavera que sabe a sol furioso y a los flores veraniegas en agosto me ha dado una rabia impertérrita y deseo arrancar a mordiscones lo que ya ha muerto y despojarme para quedar vacía bajo el agua que cae y cae y cae desnudándolo todo.
Como efímeras campanas de cristal y de plata subsisten ciertos ritos sonando en el tiempo que se aleja hasta que un eco nuevo se traga al otro eco que boquea falto de oxígeno y de azul.
Mis lares arden en la temprana madrugada con las ramas aún verdes del bosque sagrado y debo hacer las ofrendas votivas para una nueva temporada de siembra.
Si todo fuera tan sencillo como soplar, las botellas tendrían exóticas formas inventadas para sorpresa de los ojos extranjeros, pero yo sé y otros también que el níquel se desvía según su propia y exclusiva voluntad.
¡Cuán difícil es soltar las amarras de las naves para verlas partir serenas en las…

Los rincones de mi casa

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Me asomo a los rincones de mi casa y están llenos de plantas, flores, mariposas, angelitos. Me asomo a los rincones de mi casa y están llenos de libros y colores, de soles y de tazas, de cucharitas y de papeles. Me asomo a los rincones de mi casa y hay recuerdos de todos los viajes, de todos los lugares, de todos los pasados. Me asomo a los rincones de mi casa y están llenos de poemas en papeles violetas. Me asomo a los rincones de mi casa y están llenos de fotos de personas que quiero y se han ido muy lejos y de otros que están a la vuelta. Me asomo a los rincones de mi casa y están llenos con mis palabras y con la más efímera sustancia de mis sueños. Me asomo a los rincones de mi casa y tengo una corona de maripositas mexicanas que vuela arriba de cada cena, de cada desayuno, de todas las meriendas. Me asomo a los rincones de mi casa y hay juegos de té pequeñitos y ollas, sartenes, platos con flores amarillas. Me asomo a los rincones de mi casa y hay olivos y ciruelos que florecen y…

JuanCa...era por esta fecha, ¿no?

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El año pasado te regalé luz pura de sol filtrándose por entre las hojas de la Plaza San Martín; este año te traigo la niebla densa del Riachuelo en invierno porque ha de ser rarísimo pasar de festejar con bufanda a soplar velitas en ojotas. Feliz cumple por estos días. Que todos sea con felicidad.

La tormenta de Santa Rosa

Llueve
y se traspasan los papeles para otros días y otras circunstancias.
Me distraigo
y enloquezco de pura distraída.
Veo una especie de punto que no debo perder para no disgregarme en la lluvia que cae desde este mediodía.
Llueve.
Me distraigo.
Me olvido de las cosas.
Deambulo sin sentido.
Hago lo que no debo.
No hago lo que debo.
Me canso y bebo café hasta la náusea.
Vuelan ahora palomas casi otoñales en París, seguramente.
Cecilia se ríe y yo con ella en nuestra diaria hora telefónica.
La espalda me atormenta y los papeles trasmigran de lugar.
Quiero reordenar los muebles y me agota pensarlo.
¿Qué estará haciendo Mónica a esta hora en Santo Domingo?
Llueve.
Recuerdo que en estos días era el cumpleaños de JuanCa.
Pienso que debería lavar la ropa antes del viernes.
¿Qué serán los paréntesis de Dani?
Debo hacer el mural y lo pienso varias veces por día desde el sábado pasado. Juro que no pasa del domingo próximo.
Tengo que comprar verdura y me incomoda escribir hasta la lista.
Llueve.
No hay nada más.
Siempr…

Une autre fée

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Tardío feliz cumpleaños para Maïa
Diminuta y efímera,
con sus alas de azúcar,
con tocados de gasa que aún sabe a pañales,
otra hada mira hacia el cielo
en una tarde de agosto caluroso,
cercana al mar como una nereida de platos rosados y pasteles.
Otra hada que sabe a mieles,a chupetines, a chocolates en papeles plateados,
que tiene un pequeño corazón de alondra que late apresurado en el encierro de su pecho nuevo,
que huele a tierra mojada por la lluvia, a orillas de arena, a algodón perfumado con niebla,
que tiene el tacto suave que poseen las hadas,
que duerme en su nido dedal de porcelana azul
y que abre sus ojos inmensos para que quepan todas las brisas, todos los besos, todas las lunas.
Otra hada que cumple años mientras llega la tarde con globos brillantes, lluvia de serpentinas y confetti de colores cayendo desde el cielo.
Otra hada: la única verdadera.

Cae el sol

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Cae el sol como una guadaña de luz fosforescente
Cae el sol como cien mil escopiones naranjas
Cae el sol y quema las pocas ideas que subsisten
Cae el sol y me dejo estar
hasta que se sequen los charcos de la noche
hasta que se violenten los escalones de las tristezas
hasta que se esmerilen los vidrios de mis ojos
y ya no pueda ver
de tanto amarillo saturado
de tanto recuerdo caluroso
de tanta luz hecha con corpúsculos de azafrán.
¡Quién puede saber si después no sobrevendrá la más fatal de las oscuridades para mí!

Mis hermanos

A veces me preguntó cómo fueron en realidad las cosas que decimos recordar. Chac chac han cortado las tijeras de la memoria para lograr un relato que sea soportable. Veo a mis hermanos hoy, me veo a mí y algo nos diferencia la mirada y me pregunto dónde nació nuestra marca. En medio de la locura de mi madre, en medio del miedo de mi padre, ¿dónde nos hicimos distintos? Las cosas que tuvimos, la dedicación imperiosa a nuestra propia supervivencia en el huracán silencioso de la demencia, los ritos de lo cotidiano, las tías protegiendo lo que quedaba de nosotros, ¿dónde nos hicimos distintos? ¿Por qué yo persisto en intentar tejer los lazos con lo que quedó de mi familia como si en eso residiera un antiguo secreto de felicidad? Todavía pienso que hay algo de verdad en la sangre que nos une, algo de memoria instántanea de felicidad, lo único que podrá redimirme de no sé bien qué espantos. Nada hay que mitigue esa pena pretérita que no sean mis dos hermanos, nadie puede como ellos , con su…

Mi hermano cumple años

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De mis dos hermanos, Pablo es el menor. Entre él y yo median seis años que sirvieron para que yo siempre lo ponga bajo mi temprana ala maternal. Hace unos días, a mi pregunta de "¿Cómo estás?", respondió con un "Yo soy, básicamente, un tipo feliz." Pablo debió cruzar miles de kilómetros para serlo y con toda seguridad lo es. De los tres debe ser el que cargó la mochila más liviana y lo hizo, además, muerto de risa siempre. Yo lo extraño. Siempre lo extraño. Siempre me gustaría que estuviera más cerca, que me visitara a menudo, que viniera a comer día por medio. La vida ha sido poco generosa en esto de desparramarme la familia. Y hoy, 24 de agosto, mi hermano Pablo, el enano, el que se fue lejos, cumple años. Me gustaría poder tocarle el timbre con una enorme torta y un paquete envuelto en algún papel brillante, poner agua en el fuego y tomarnos tres pavas de mate mientras hablamos hasta que caiga la noche en Marsella. Para eso voy a tener que aguardar aún 122 día…

Amor Catulli

Vivamus, mea Lesbia, atque amemus,
rumoresque senum severiorum
omnes unius aestimemus assis.
soles occidere et redire possunt:5nobis, cum semel occidit brevis lux,
nox est perpetua una dormienda.
da mi basia mille, deinde centum,
dein mille altera, dein secunda centum,
deinde usque altera mille, deinde centum.10dein, cum milia multa fecerimus,
conturbabimus illa, ne sciamus,
aut nequis malus invidere possit,
cum tantum sciat esse basiorum.
Gaius Valerius Catullus (Verona, 84 a.C.; 54 a.C.)Vivamos, Lesbia mía, y amémo(nos), y no nos importen un centavo todas las murmuraciones de los ancianos severos. Los soles pueden ponerse y volver a salir: nosotros, una vez que se apague nuestra breve luz, tendremos que dormir una noche perpetua. Dame mil besos, luego otros cien, luego otros mil, luego los segundos cien, luego otros mil, luego cien y, finalmente, cuando hagamos muchos, perderemos la cuenta, para no saberla y para que ningún malvado pueda envidiarnos al saber cuántos han sido los beso…

Vocación

Cuando yo era pequeña jugaba a ser maestra. Mi papá me había construido un mueble con madera que tenía un escritorio, un banco y un pizarrón pintado de verde. Yo ponía en fila, sentadas adelante, mis muñecas y me pasaba las horas explicando no recuerdo bien qué cosas. Hacía listas y boletines. Cada tanto ponía a mi hermano menor en la fila y el pobre, con una paciencia que le agradezco, hacía de alumno preferido.
No recuerdo cuál fue mi primer libro, pero pasaba horas leyendo. tenía una biblioteca llena de libros en mi cuarto y me recuerdo, tirada en la cama, con una pila de libros y un caldito Knorr de gallina que chupaba como si fuera un caramelo mientras leía sin pausa. A la edad de diez años, escribí mi primer cuento. No sé de qué trataba, pero había princesas y una esfera de cristal. Lo había copiado en un cuaderno Gloria y había dibujado unas ilustraciones pintadas con los lápices Carandache que me había regalado mi papá.
Si se me diera por hacer relaciones (Dios me perdone de com…

Haber

En la columna del haber, si lo pienso, hay varias cosas:
Una tarea que realizo puntualmente, que me da de comer y me alegra los días.
Los libros que estuvieron desde siempre.
Mi hijo con quien tejo puntada por puntada un nuevo puente.
Unos hermanos que, desde lejos, son la familia que me dejó mi padre.
Una amiga hermana anclada en medio del Caribe que me comprende aún sin hablarnos.
Las palabras las palabras las palabras.
Una casa llena de plantas y perfumes.
Algunos sueños.
Una prima a la que desconozco y ya la quiero.
Una amiga que dice que se muere y continúa peleando.
Un hombre al que quiero y que me quiere aunque andemos a los tropezones en la oscuridad que nostros mismos nos producimos.
Una amiga que me abriga si hace frío y me manda a comer si tengo alguna tristeza mal habida.
Unos sobrinos que son la ternura que me invade a esta altura del día.
Los alumnos que me dan contentura.
Una amiga que es gota de luz y paciencia.
Un amigo que espera como si fuera desde siempre.
Personas que se acercan y…

Los monos

Los monos se balancean entre las ramas más altas de las palmeras, procuran que estén fuertes y no se quiebren en la primera fiesta de brazos largos. Se ríen entre ellos, se despiojan, comen lo que encuentran de frutas o semillas o de hierbas. Y son felices o aparentan. No piden nada y gozan lo que cuadra. Duermen envueltos en los brazos de los otros cuando cae la noche y se arrullan en el sudor transparente de otros cuerpos. Aceptan lo que tienen sin pensar siquiera que deba ser de otra manera. No ambicionan la majestuosidad del tigre en la tormenta ni la belleza de una mariposa en el amanecer caluroso, ni el abrigo del oso en los hielos eternos, ni la insignificancia efímera de la oruga ni la arrastrada voluptuosidad de los chanchos o la obediencia sempiterna del perro. Ellos son monos y quizá ni lo sepan; pero se balancean, se despiojan, se ríen, se amontonan como lo hacen los monos y lo aprovechan porque no tienen otra cosa, porque nunca la tuvieron, porque no la tendrán. Quizá deb…

Anécdota LXVIII: Dolores de parto

Profesora: (Rodeada de un montón de alumnos que hacen análisis sintáctico)Presten atención todos. (Dejan de trabajar y la miran) El español tiene dos contracciones.
Alumno 1: (En voz muy baja le dice a un compañero) Sí, y después tiene un bebé. (Se ríen)
Profesora: (Sigue, sin prestar atención) Son "al" y "del" que resultan de la unión de "a" más "el" en el primer caso (Dos chicas empiezan a cuchichear) y "de" más "el" en el segundo. (Las chicas se ríen bajito) Che, ¿ustedes me escuchan?
Alumna 1: Sí, profe, sí.
Profesora: A ver, ¿qué dije?
Alumna 2: Sí, que las contracciones de las mujeres son con "al" y "del".

Intentos

Trato de hallar el camino que me permita sobrellevar mis propios fantasmas.
Trato de hallar la pócima que conjure mis miedos y fracasos.
Trato de sobrevivir entera y sin lesiones.
Cada ser humano es un manojo de historias que no alcanzo a entender.
Trato de seguir adelante con los relatos que me conforman y sostienen.
Trato de abrir los ojos y ver.
Los cactus a veces doblan sus espinas y se disuelven con el revés de las lágrimas en el universo convexo de los párpados.
Todo pasa.
Todo regresa.
Todo puede empezar.

Él duerme

Ahora él duerme. Entre sueños, abre sus ojos azules y me dice si quiero ir a desayunar. Yo pienso en un vergel de flores y frutas perfumadas y, entre canastas, estoy arrodillada mientras voy arrojando adentro naranjas, uvas, jazmines y algunas fresias amarillas y rosadas. Hay sol, mucho sol de invierno que es manso y familiar. Es tan extraño el tiempo, hace ya tantos días que no amanecemos para algo que no sea ir a trabajar. Cerca está el río que trae un aroma mojado y vegetal. De todas las palabras que alguien debió decir quizá el goce era la única posible. Debo desinstalar mi cabeza que ruge como una bestia traicionada y entregarme a la efímera sensación del no importa qué suceda después. ¿Quiénes saben los días venideros sino los oráculos que quedan vencidos en tierra argiva a fuerza de callar para siempre jamás? Los hombres son seres complejos que sólo desean una piel transparente y unas manos de madre que sepan acariciar. La rueca hila filamentos de oro que a veces no sé destr…

El amor en los tiempos del cólera

Le rogó a Dios que le concediera al menos un instante para que él no se fuera sin saber cuánto lo había querido por encima de las dudas de ambos, y sintió un apremio irresistible de empezar la vida con él otra vez desde el principio para decirse todo lo que se les quedó sin decir, y volver a hacer bien cualquier cosa que hubieran hecho mal en el pasado.
Gabriel García Márquez

Hoy

Estoy en una tierra de cactus y no paro de llorar.
Miro más allá y mis ojos están tan empañados que creo que no hay nada más.
Me consuelo diciéndome que
yapasaráyapasaráyapasaráyapasaráyapasaráyapasaráyapasará
yapasaráyapasaráyapasaráyapasaráyapasaráyapasará
yapasaráyapasaráyapasaráyapasaráyapasará
yapasaráyapasaráyapasaráyapasará
yapasaráyapasaráyapasará
yapasaráyapasará
yapasará
ya
pasará
ya
pa
sará
ya
pa
sa
rá.

Incipiunt

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Cada cual elige el sitio donde esconderse: yo prefiero las volutas de las letras trazadas con plumas y tintas, caligrafías latinas donde oculto los dobleces de mi alma y la carnadura espesa de mi corazón. Incipiunt, para quien no lo sepa, significa comienzan. Incipiunt laetitiae, desinunt dolores: ego in corde clamo; in solitudine sum.

(Lamento haber perdido hace muchísimos años aquel librito de caligrafía de editorial Gallimard en ese colectivo 107. Que quien lo haya llevado, haya disfrutado de sus páginas tanto como yo)

Viaje

¿Cuánto falta para la próxima estación?, preguntó ella.
Ya llega, dijo él. Dormite y no molestes.
Pero, ¿me vas a despertar?
Claro, tonta, te voy a despertar.
Cuando abrió los ojos el tren ascendía rumbo al desierto de Gobi. Nadie más quedaba en el vagón.

De algo servirá

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De algo servirá que llegue el día y destapar la noche para que ahora entre el sol

No querer

Querría que esta brisa, fresca de aires nuevos, que baila mis pájaros de vidrio y los hace sonar como cristales biselados, querría que esta brisa trajera lluvia fuerte con gordas gotas hundiéndose en la tierra con olor a mojado. Querría que ya fuera mañana y yo hubiera dormido, plácida y melancólica, como si fuera otra. Querría que ya hubiera pasado este día en que decidí que empezaba a olvidar. A esta hora de la noche ya escuché las canciones más tristes, ya leí diez poemas, terminé una novela, tomé dos tazones de sopa y me hundí entre las sábanas sólo para llorar lo que no puede ser. Mi corazón es una sala de terciopelo rojo donde la sangre se derrama y se ocupa de glóbulos como de brillantina desparramada en lentejuelas que giran al ritmo del lamento. Querría que fueras de otra manera y eso significa no querer.

Sin ti

Nadie murió de amor esta noche ni ayer ni el mes pasado. Entonces, hoy, cuando sol era de cal blanca en medio del invierno y lavaba el cielo de aguas temporales, vine a mi cuarto y me encerré para llorar, como se llora siempre cuando el corazón es una sala vacía donde resuenan los pasos que no se quieren dar. Nadie murió de amor ni va a morir aunque el alma se estruje entre las sábanas blancas. Se agotan los pañuelos, pero aún hay más. Más triste es no tener ya nada qué decir y seguir como si fuera vida, como si fuera cierto, como si fuera así como debiera ser.

Finales

Porque todo anochece
Porque todo se enfría
Porque todo se acalla
Porque todo se duerme
Porque todo se olvida
Porque todo se muere
Porque todo termina
y yo lloro
en medio de mis sábanas
en medio de mis días
en medio de mi nada

Espiral

No quiero que me hablen.
No quiero que me digan.
Que nadie opine, comente, aventure.
Que sólo vean lo haya para ver y se callen.
Me saturan las voces que creen conocer, que necesitan que les informe, que ponga nombre a todo, que precise la exacta carnadura de lo que es sólo una espiral apenas en medio de mi corazón que va cobrando vuelo hasta ser abanico abierto hacia la lluvia invernal de este agosto que ya se va, que ya se fue, que se murió y nunca más volvió a resucitar.

Punto y aparte

De pie o casi moribunda,
sobre los tejados resbaladizos de la lluvia o bajo los muros rajados de la desdicha
los párpados se entrecierran y adormecen.
No hay nada en mí que sepa a cepas olvidadas de tristeza:
tengo el regusto amargo de las verdades, las evidentes, las que sentí el domingo casi al filo del lunes. Por más que intente disfrazar la distancia con los ropajes coloridos de las pieles y los perfumes ya nada es igual.
Comienza a perfilarse un abismo vacío donde estoy sólo yo y aceptándolo, ya sin dolores, ya sin remordimientos, casi en un atisbo de resignada sabiduría y pertenencia a mí misma más allá de los aires con que intento resistir esta muerte.
La ilusión, cuando se pierde con mansedumbre, es una forma de ver la descarnada forma de las sustancias íntimas.
A la larga, siempre alcanzo a comprender que yo deseo lo que está más allá de este cuarto, de estas sábanas, de este relato que tiende a encriptarse otra vez en sí mismo.
Las diferidas comas anticipan el definitivo p…

Latencias

Extraña sombra de lo ajeno interpuesta en medio de los cuerpos y mi silencio se hace siempre distancia y pacífica lejanía. Sigo en medio de la lluvia que lo moja todo y lo lava y lo deslíe y lo aleja de su propia sustancia. Las narraciones tienen complicaciones que son sólo disparadores de la única línea que se tuerce. Los días no, la vida es un relato cuyo narrador se ha tirado a dormir y nadie resuelve lo que se anudó hace días. Uno tras otro se superpone el aire con sus moléculas de nada. Estoy soportando la lluvia y nunca hay nada más.

Muerta de amor- versión invernal

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Luca Pinasco
Uruguay, agosto de 2008

Diario de viaje

7 de agosto de 2008 20:00 horas.
Las caras son tostadas. Los cabellos son lacios, siempre lacios. Esta gente no lleva rulos y portan bolsas de marcas carísimas con naturalidad.No es gente como uno. En realidad nunca es gente como uno, jamás la gente es como uno. Yo tampoco soy igual a ellos. Una beba, cuyos padres están sentados detrás de mí mientras esperamos para abordar, mete sus dedos sucios de yogur de vainilla entre mis bucles. Sus padres hablan entre sí sin prestar atención a la perfumada crema de peinar saborizada que su hija desparrama en mi pelo. Me corro más allá y la beba se desplaza con una vocación de coiffeur que sorprende por lo temprana. Claro, es que en este mundo no hay bucles y la niña está maravillada con la novedad que le ofrece mi cabeza. Al lado mío, se sienta una señora mayor con cartera de Gucci, muy barrio Parque, que tuvo que haber votado a Macri, con seguridad o cuanto menos a López Murphy. Hay adolescentes que leen revistas en inglés y llevan relojes que p…

Luca en clave de amor

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Miranda, su Barbie y sus dibujos

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Fin de semana en Uruguay

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Fuimos muy felices

Carta para Cecilia

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Ceci:
No siempre detrás de todo el sufrimiento está la muerte esperando. A veces no puedo comprender por qué todo esto te toca justo a vos que recordás las campanas de los responsos en Chajarí, por qué justo a vos que no aceptás las cosas hasta que les ves todos los dobleces, las razones, las fascetas, por qué a vos que tenés un largo camino de Santiago por recorrer. Creo -con toda la fuerza de que mi corazón es capaz- que, más allá de todas las palabras que decís, llenas de tristeza y desesperación, tenés la voluntad para pasar por esto y por todas las cosas que se te puedan oponer. Ya demostraste, nena, cuánta fuerza anida en tu resistencia. ¡Qué más decirte! Que te quiero, que querría cuidarte, protegerte, ayudarte; que no deseo que nada nunca te suceda; que te necesito para hablar horas por teléfono mientras el señor Telecom se enriquece con nuestras risas, con nuestra acidez; que quiero que llegues a Santiago de Compostella, fresca como una novia, para que la vida siga, como sie…

Deseos para el año nuevo

Hay siete cosas que quiero para mí:
La alegría con mi hijo.
La salud de Cecilia.
El amor de mis hermanos y sobrinos.
La entrega y fidelidad de mis amigos.
Mi viaje a Europa.
Mi novela familiar.
Y vos.
El resto son días que se acumulan como nieve en la puerta.
Viene la barredora y se van.

Las últimas serán las primeras

Las últimas palabras pueden ser las primeras: esto ya fue dicho mucho antes. Lo siento, no soy nada original. Anoche te dormías atrapando mi cintura en tu sueño y yo respiraba feliz el aire frío que entraba por la ventana mientras te oía respirar. Después llegó la mañana, cebé mate y me reí como me río a veces, cuando las cosas salen bien. Todo tiene el color helado del invierno que se pasa debajo de los acolchados. Nada más allá del tiempo. Nada más.

Domingo en el borde

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Es madrugada aún y está todo en silencio, oscuro y frío.
En la sala titila la pantalla como una luz azul en medio de la noche más antigua del mundo.
Bosques sagrados de limoneros y naranjos bordean mi memoria junto a los templos sagrados de las primeras diosas.
No es la luna, no; sino la verde cazadora deslizándose por los vidrios de la medianera para hablarme con la lengua primera de las lacedemonias.
Ya cayeron los peplos ensangrentados de Afrodita y la casa se inundó con su espuma liviana.
La sacra esposa me ceba mate y ordena los eventos;
mientras atrás revolotea una lechuza de ojos verdes.
Proserpina se hunde en su reino invernal y vuelve, siempre vuelve, en el tallo ondulante de las amapolas enrojecidas.
Se agitan las ninfas con sus cabellos de trigo y quiebran su talle delgado para envolverme.
Nunca estoy sola.
Yo también tengo mis lares, mis manes y penates.
Van variando sus rostros, pero jamás se apagan.
Yo mantengo encendido el fuego del hogar que los sustenta.
En medio de las ruinas,
en …

Corazón radioactivo

Primero fue en el brazo izquierdo a las 15 y 25.
Después, en el derecho a las 19 y 25.
¿Qué es?, le pregunté.
Material radiactivo.
Ah, le dije viéndome como Homero y fosforesciendo.
En cantidades mínimas para que no te dañe, quiso calmarme.
Con calcio y potasio para que se fije en el corazón y en la paratiroides, agregó.
Salí a las 20 y 30 con el corazón radioactivo.
Brillaba como la mica, el feldespato, las piedras estelares y la luz de la luna.
Corazón de tungsteno en medio de la noche fría.
Irisdiscente músculo de minerales radioactivos.
Rutas de arterias como lámparas ardientes.
Calles de venas como señales luminosas.
Albedos altísimos en cada capilar, cada gota de sangre.
Tengo el corazón hecho de partículas radioactivas en suspensión gelatinosa.
Y sigue titilando como una luciérnaga en medio de todas las tormentas que sacude la ausencia.

Récit

Fue una rara semana en los marcos del silencio que nos hemos impuesto. El lunes te quería y te extrañaba y creía que la vida no podía ser ya a sí. El martes vinieron mis amigos y tomamos el té. No tuve ya momentos para sentir que me faltabas. El miércoles di clases, vino Lucía, con la que puedo hablar más allá de vos; a la noche Cecilia y Ale comieron pizza en mi casa y nos reímos hasta el amanecer; el jueves estuve con Sofía y así fue todo. Ya no puedo pensar. No sé muy bien en qué estará mi corazón en este instante. Acabo de soñar con un bebé que se perdía y la imagen del río Paraná desde el piso veinte de un edificio de la avenida del Libertador. Era un río marrón y blanco, turbulento, lleno de islas y de espumas. Corría tanto el agua que contrastaba su espesura con un cielo de atardecer. Yo lamentaba no poder fotografiarlo. Me desperté. Tengo que dar clase, escribir hasta terminar mi planificación e ir a hacerme un estudio al sanatorio. No es una cosa más. La ausencia se ha llena…