Sin ti



Nadie murió de amor esta noche ni ayer ni el mes pasado. Entonces, hoy, cuando sol era de cal blanca en medio del invierno y lavaba el cielo de aguas temporales, vine a mi cuarto y me encerré para llorar, como se llora siempre cuando el corazón es una sala vacía donde resuenan los pasos que no se quieren dar. Nadie murió de amor ni va a morir aunque el alma se estruje entre las sábanas blancas. Se agotan los pañuelos, pero aún hay más. Más triste es no tener ya nada qué decir y seguir como si fuera vida, como si fuera cierto, como si fuera así como debiera ser.

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