jueves, 11 de septiembre de 2008

Bariloche bajo la nieve. Cuarta temporada. Episodio 3

Corre el agua en la base del cerro López y hay un sol brillante en medio de un cielo azul apenas moteado de nubes blancas. El aire es limpio junto al sendero que se abre como una picada para subir hacia la cima donde debe todavía estar aquel refugio donde hace ya más de veinte años mis dos hermanos y yo hicimos aquel pernocte. Me recuerdo hundida en la nieve hasta la cintura y muriéndome de risa y de tristeza por partes equivalentes. Pablo tenía unos pelos lacios y castaños que se le volvían rubios y enrulados en las puntas y Mariano era un atrás silencioso que tocaba la guitarra al sol. Fuimos felices aquel verano que fue nuestro último verano juntos en el sur. siempre lo digo pero la Patagonia me trae un aire de familia que me fortalece, que me limpia como el agua que brota desde la cima y baja veloz barriendo todo, cristalina y fresca como las últimas vacaciones que tuvimos para la alegría y la felicidad de los tres. Ahora ellos dos están lejos, a miles de kilómetros, siempre después de aguas que hay que sortear para alcanzarlos; pero yo siempre los tengo conmigo y los busco como si fueran para mí la imagen de la familia que deseo y extraño, los mediodías de mesas extensas que no tuve, los cumpleños con los miles de chicos que no tenemos, las pastas con tuco y los manteles blancos, los sábados de globos y de kartiongs en Saavedra, el cerro López que sigue allí como si estuviera esperándonos para otro pernocte.

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