sábado, 20 de septiembre de 2008

Cuando

Cuando transito en mi cabeza,
cuando le explico a mi cerebro,
cuando razono meticulosamente lo que ha sido,
cuando percibo tu silencio,
cuando digo palabras que llenan cada centímetro de grieta,
cuando puedo entenderlo y veo la dimensión de lo que pienso,
cuando relevo huellas y comprendo la ruta por donde he ido transitando,
siento que era esta la única puerta posible para todo;
pero cuando abro mi corazón y escarbo adentro,
cuando siento la pena de tu ausencia,
cuando tu silencio es una daga que me quema,
cuando mi espíritu se anega de tristezas,
cuando recuerdo cada hora,
me torno irracional y desearía que te murieras de una vez para siempre adentro mío
y expulsarte ya de mi pobre universo
y condenarte al odio que no siento
y pisotear mis ojos para no verte nunca
y decirte cada vez que me dejaste sola,
cada vez que fuiste un puerto lejanísimo en medio de todos mis naufragios,
cada vez que tomaste mi piel por territorio y me dejaste hueca de alma,
cada vez que no supiste la altura que requería mi estatura
y gritar que te vayas que no regreses nunca que me dejes llorarte en paz de una sola vez y para todos los días.
Quiero ver la mañana con una taza de té entre las manos.
Sola,
como lo estuve siempre.

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