domingo, 21 de septiembre de 2008

Derrotas












Después de todas las justas, de todos los torneos y batallas, de todos los caminos recorridos, regreso. El caballo, sudado y ennegrecido por el moho del tiempo, ya conoce la ruta. He sido derrotada varias veces y sólo debo susurrarle al oído "Regresamos"para que él enderece sus cascos. El bosque huele a lluvia y a matanza de humanos. Cae el sol filtrado como orejas de caracoles entre los árboles. En esa encrucijada , todos los acabados nos saludamos y vimos las espaldas alejarse mientras el pecho se desgarraba debajo de corazas. Siempre traen algo de angustia los cuerpos que se vuelven y se disuelven en la distancia para no regresar nunca jamás. La tierra está seca y desnuda, pero ya llegarán los tiempos de la siembra y el horizonte se llenará de trigo. Junto al sendero, en la distante lejanía de las colinas, se divisan las torres de los próximos castillos. Altas columnas circulares con techados violáceos a la luz de la mañana que se levanta mojada de rocío. Azuzo a mi caballo porque ha llegado la hora de empezar a batallar otra vez. El mundo es una colorida cometa que serpentea al viento y se deja llevar. Nada es irremediable ni para siempre y estoy decidida a sobrevivir. Cuento mis cicatrices de a millares y podría con ellas trazar el mapa de mis infortunios, pero prefiero leer allí la superficie de mis aprendizajes. "Otra vez cada vez "es el lema que ondea en mi insignia y queda mucho aún por cabalgar. El sol sabe a seguro y se filtra entre las rendijas de mi armadura vencida que irá disolviéndose en su calor. Al llegar saldrán mis compañeros a recibirme y eso tiene el gusto de la victoria otra vez cada vez. Pese a la amargura de la derrota aún puedo volver a pelear. Nada se pierde irremediablemente mientras las colinas estén verdes y húmedas y haya resto para andar.

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