viernes, 12 de septiembre de 2008

Dificultades

Uno despega la hoja por los bordes donde otros la pegaron. Se encuentra con un papel de plata que cubre todo y tiene un claro recorrido de plegado. Primero un lado, luego el otro y, finalmente, los laterales. En el mientras tanto, la boca se llena de deseo y de saliva, se entorpecen los dedos, el hambre arrecia y apura lo inapurable, lo que requiere tiempo de despegado y desplegado. Los ojos miran para otro lado como si la conciencia que trepa hacia el cerebro no quisiera hacerse cargo ya de la ansiedad de la materia. Fútil disquisición que nada gana: ¿debo continuar o detenerme en este preciso instante? ¿Vale seguir hacia la nada que yace debajo de papeles plateados, que sólo es un momento de placer y más allá el vacío de lo que ya terminó de ser, efímero y desnudo? Entre el pulgar y el índice se apelotona la duda como una bola de fuego que arde y quema las neuronas una a una. Ellas están hechas para la progresión lógica que todo lo resuelve o aparenta. Pulgar e índice mancomunados, glándulas salivales, ojos abiertos y el papel desplegado. Chocolate o afectos, da igual. Cuesta lo mismo resolver qué vale la pena: si tanto esfuerzo tiene sus frutos o mejor atosigarse con almendras y naranjas en el siguiente kiosco de la próxima esquina.

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