sábado, 20 de septiembre de 2008

El autodenominado bombón francés


Nadie puede decir que somos parecidos; sin embargo, entre mi hermano Pablo y yo corre ese aire fresco de familia que nos hace entrañablemente iguales: las tardes en Palermo con kartings alquilados y globos rojos, los libros robados con poemas de Spinetta, la casa de la calle Plaza con su escalera de madera donde nos disfrazábamos para jugar, aquel altillo de aquella Navidad, la tarta de manzanas y las berenjenas en escabeche en grandes frascos, los dibujos, los textos, la demencia destructora de nuestra madre y su culpa posterior, el sacrificio fantasioso de mi padre que nos ilustró un cuento que jamás existió, las largas proyecciones de cortometrajes checoslovacos en el Museo de Bellas Artes los domingos a la mañana, el Collegium Musicum, el cine Cosmos donde vimos "Crin blanca" y una película polaca donde un tren atravesaba un bosque que cambiaba de nieve a primavera sin cesar, las veces que fui su madre porque no había otra, su terror cuando Mariano estuvo a punto de morir, los hijos que tenemos y los padres que somos, las vacaciones felices en la península de San Pedro muy al sur, los ojos que vieron las mismas cosas con miradas diferentes, la ironía genética que nos permitió sobrevivir al huracán más pequeño del mundo, los títeres, los autitos en la vereda, lo que le debo de ternuras de hermano menor, lo que me debe de contención de hermana menor, la pena, la alegría, las fotos que nos acercan desde la lejanía de un océano, Buenos Aires y Marsella y siempre, pero siempre, el corazón.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Tras vaaarios días sin computadora(murió misco rígido) vuelvo a contactarme con tus escritos que, como siempre, me hacen pasar de la risa a las lágrimas con gran facilidad. Me gusta leerte.

Adriana

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...