viernes, 26 de septiembre de 2008

La ensalada de berros y el romanticismo inglés

Como casi todos los viernes fui a la verdulería que está enfrente de mi casa y que atienden unas chicas. Tiene verdura fresca, buena y a un precio medianamente razonable. Compré (sí, Dani, obviamente) calabaza, zapallitos, albahaca, berenjenas, alcauciles, espinacas, cebollas, tomates, chauchas, remolachas, lechuga, zanahorias, manzanas, mandarinas, kiwis y frutillas. Casi al salir pregunté: "¿Tenés berro?" Meri me dijo que sí y me anotó un atado. Ahora tengo esos berros en la mesada de mi cocina. Me gusta comerlos en ensalada con aceite de oliva, limón y sal. Mi papá se ponía las hojitas sobre la lengua y hacía pasar el aire bajo la hoja que vibraba haciendo un trino como de pájaro. Nunca pude imitarlo porque de chica no comía berro, pero ahora me parece la más buena de las ensaladas. Tiene aspecto de silvestre, de que estuvo creciendo a orilla de algún río que corre entre montañas, con sus raíces hundidas en la tierra de las riberas. Es trabajosa su limpieza, pero compensa el esfuerzo y la paciencia. Esta noche y mañana me hartaré de ensalada de berro y recordaré ese poema de John Keats titulado "Lugares de verdes estancias hechos para los poetas que dice:
"The ripples seem right glad to reach those cresses,
And cool themselves among the em'rald tresses;
The while they cool themselves, they freshness gives,
And moisture, that the bowery green may live."*

*(Las ondas parecen muy alegres de alcanzar aquellos berros,
y refrescarse entre sus trenzas de esmeralda;
en el instante en que se refrescan, dan su frescor
y humedad para que el frondoso verde pueda vivir.)

1 comentario:

Dani dijo...

Un texto tan lindo, cargado de nostalgia, lindos recuerdos y mejores presentes... que necesidad de arruinarlo con esas cosa naranja que llamás calabaza?
Lo peor que igual te quiero nena

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