jueves, 2 de octubre de 2008

El país cátaro


Château de Peyrepertuse
Dulhac, France


Durante el siglo XII se desarrolla en el sur de Francia una religión cristiana diferente al catolicismo: el catarismo. La doctrina cátara, voz disidente del cristianismo medieval, surge en la Cristiandad a mediados del XII y reclama, como otros movimientos de la época, el retorno al modelo de la iglesia primitiva de los primeros tiempos del cristianismo. Condenaba a la Iglesia romana y su jerarquía dado que no respetaban el ideal de vida y de pobreza de Cristo. Bajo diversos nombres se expandieron a través de toda Europa; pero es en el Mediodía francés y en las ciudades del norte y centro de Italia donde el catarismo se hace fuerte. A los ojos de Roma, los cátaros representaban un peligro mayor que los infieles -judíos y musulmanes- porque, siendo cristianos, interpretaban de manera diferente las escrituras y rechazaban la doctrina de los siete sacramentos. Sus creencias se basaban en la existencia de dos mundos: uno bueno y otro malo. El primero, un mundo invisible en el que las criaturas son eternas, resulta de la creación de Dios; el segundo, el mundo visible y corruptible, es obra del Diablo y las almas de hombres y mujeres son estos ángeles caídos. Para los cátaros, Cristo es únicamente el enviado de Dios para traer un mensaje de salud a los hombres; pero de ninguna forma, el redentor de los pecados humanos. Los cátaros conservan un solo sacramento, el "consolamentum", que aporta la salud por medio de la imposición de manos.

Rápidamente, esta nueva creencia se expandió por toda Occitania. El papa Inocencio III para contrarestar sus efectos decide lanzar en 1209 la cruzada contra los cátaros o albigenses, primera organizada en tierra cristaina contra las herejías y quienes las sostienen y que se transforma rápidamente en una guerra geopolítica entre los señores del norte y los señores occitanos. Ese mismo año, el rey de Francia se lanza a la aventura con 300.000 barones y caballeros, acompañados de hombres a pie que se reúnen en Lyon atraídos por las riquezas del Mediodía languedociano. A partir de 1226, Luis VIII sucede a Felipe Augusto en el trono de Francia y se compromete con la cruzada. El conflicto dura veinte años y provoca la transformación del tablero político de Occitania con la creación del cargo de senescal en Carcassone y la sumisión al rey del conde Raymond VII de Toulouse. En 1233, la Iglesia adopta una estrategia terrible y represiva y crea una nueva institución judcial de funesta trayectoria y confiada a los dominicos: la Inquisición. Las persecuciones y hogueras que se extienden a lo largo del siglo XIII y principios del XIV reducen al mínimo el número de cátaros en Occitania. La caída del castillo de Montségur el 15 de marzo de 1244, el arresto de los perfectos Pierre y Jacques Authié en 1308 y la hoguera a la que es condenado en 1321 el último perfecto conocido Guihlem Bélibaste son los hitos que ponen término definitivo a la historia del catarismo en el Mediodía.
Si bien los cátaros son erradicados, su religión es uno de los símbolos de la tolerancia, la libertad y la abertura de espíritu de la cultura occitana y dejan su huella en la identidad de ese territorio. Hoy en día sólo quedan pocos vestigios de esa historia. Los castillos y abadías del país cátaro en la zona francesa del Languedoc se han transformado en los símbolos de ese combate ya que los primeros sirvieron de refugio a los cátaros y sufrieron numerosos sitios durante la cruzada de los seguidores del Papa y del rey de Francia. Las abadías, en cambio, reforzaron la posición católica y sostuvieron la cruzada.

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