lunes, 13 de octubre de 2008

Lluvia


Mientras caía la lluvia, sonaba el piano. Era todo doméstico y familiar. Había aire de pasado apelmazado entre las plumas del pecho, de paloma mojada en la cornisa, de gorrión desnudo y tierno. El agua tenía ruido de burbuja, a boca, a borbotón, a ebulliciones. Sobre la piel y el vidrio caía la tormenta resbalada, diluyéndose. Y el piano se inundaba de loviznas bajo los dedos acuáticos de agua y los sonidos se mezclaban con los truenos y sus luces primeras en medio de los latidos de corazones. No hay nada más que agua que moja, que inunda, que hidrata, que resume en las alcantarillas que cantan junto a piano lo que se ve, lo que se oye, lo que se siente. Como siempre, comienzo a recubrir instantes con palabras. Después vienen las tempestades y los abrazos y me empapo sin fin de las esquinas de la risa donde todo se termina sabiendo pese a esta lluvia que cae mientras se moja el piano en la melancolía de la tarde.

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