sábado, 25 de octubre de 2008

Lucía Elisavetsky

Cuando Lucía me abraza la siento chiquitita entre mis brazos, cuando ella me abraza me siento abarcada entre los suyos. Con dedicación de hija preocupada por Pablo, Lululi hace dos viernes que viene a visitarme. Hablamos, comemos, nos contamos cada vez más cosas y más íntimas y nos cuesta dejarnos cuando se hace tarde. Ella dice que yo soy su mamiguita y ella viene a ser como una hijiguita que yo tengo. La quiero porque es linda, porque es inteligente, porque es buena, porque es divertida. Me dijo que estudia Letras porque le gusta aprender palabras nuevas y, quizá, ese sea el mejor de los motivos para la literatura. Ayer me llenó de regalitos y yo le hice la cena. Me abraza, la abrazo, nos alejamos y volvemos a abrazarnos. Desaparecido de mi vida el hombre que nos unió en un principio, Lululi ha ocupado un lugar más inmenso. Si tuviera una hija, me gustaría que fuera ella así tal como es, con sus rulos, con sus ojos brillantes que vi llenos de lágrimas alguna vez, con su risa fresca. Y aunque viaje y se vaya lejos (Siempre me pasa lo mismo con la gente que quiero), ella tiene un lugar en mi corazón que lleva su nombre y que le pertenece y pertenecerá por toda la eternidad que duren nuestras vidas.

1 comentario:

lulina dijo...

(lagrimitas de alegría y de tristeza a la vez)

te quiero, jujuli.

te sigo diciendo gracias!

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