martes, 11 de noviembre de 2008

Cansancio

Pedacitos de luces relampaguean en la sombra de la tarde. Mi cerebro vaga por las rutas de su propio cansancio. Hace un calor de órdago que burbujea en la seca humedad del asfalto. El aire huele a verano y lluvia. Atrás de todas las palabras trajino con ellas y las estiro para duren otro rato y no tenga que hablar demasiado. No puede ser que ahora venga a yo a desmayarme en la línea sinuosa de los verbos o la abundancia fatal de tantos adjetivos. CDeseo dormir, sola, en mi cuarto de blancos broderíes, hasta que ardan mil días en otros mil calendarios. Deseo que pasen los meses como gigantes de piernas largas y todos estemos sentados a la mesa con la servilleta echada al cuello y anudada. Deseo que sea mañana y pasado y el mes que viene y el año próximo y el siglo que me sigue. Deseo que nadie más me diga nada, que todos se llamen a silencio y me acunen con caricias en mis cabellos de enredadera encrespada y que sepan hablarme sólo de otras cosas que no sean estas. Me canso de tanta verbalización en la hora del aire que sopla desde el río. Quiero que todo cese, que se detenga el mundo y yo pueda cerrar mis ojos sin temor de que estallen los vidrios y ya no pueda abrirlos. ¡Qué solos estamos para siempre en la vida! ¡Qué abandonados de toda tutela y recorrido! ¡Qué vacío destino! ¡Qué cuerpo de cerámica quebrada! Nada más que pensar. Sólo deseo.

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