Encierro

Los encierros son huevos de cristal donde no entran el mundo.
En su interior se gesta una vida que late de a poquito.
Yo lo sé porque yo estuve en uno de ellos.
Pero un día el espacio se torna insuficiente y el huevo ha de quebrarse para que salga la vida hacia afuera y se proyecte.
Los encierros entonces se tocan con la muerte y hay que romperlos, hay que expulsar lo que latía dentro para que no se pudra, hay que ver hacia afuera y remontar el mundo para alentar el alma.
Yo lo sé.
No hablo por llenar con palabras la página en blanco.
A veces lo recuerdo y recuerdo esa ventana, aquel parque en otoño, aquel cuarto.
Es tan solo una anécdota lejana.

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