sábado, 22 de noviembre de 2008

Me asaltan las dudas

Sentiría la incongruencia de la vida que busca amparo en el arma que nos va a matar.
Silvina Ocampo

Me asaltan las dudas de la muerte de la falta de sueños de la anestesia de la sinrazón de la caparazón de las tortugas agonizantes en las playas de coral amarillo de las mariposas que se lamentan porque no podrán jamás volver a ser orugas de los rinocerontes que ven subir los ríos y recuerdan que todavía no han aprendido a nadar de la tristeza en cuentagotas y de la tristeza en cucharones soperos de la agonía de las raíces que sienten la planta perecer de los laberintos que querrían que el hombre encuentre la salida así lo dejan de molestar de las tazas vacías sobre la mesa de la noche mojadas con restos amargos de café de las conversaciones desmayadas y sostenidas a contrapelo del aburrimiento que es parecido al hastío pero peor de los colores amarronados que desearon ser rojos y no supieron con qué. Me asaltan las dudas en cada rincón de la casa enfundadas en impermeables grises y con un revólver de acero en cada mano dispuestas a matar(me). Yo quiero huir, pero en mis sueños nunca puedo viajar y debo resignarme a vaciar una y otra vez las maletas de las que escapan los pájaros fríos de todos los inviernos europeos que están en período de migración. Las dudas me persiguen hasta la puerta del baño, pero como son educadas no entran sin golpear. Y golpean, golpean y golpean hasta que los nudillos se les ponen rojos de tanto sangrar. Entonces las dudas lloran y me conmuevo. Abro la puerta para realizarles las primeras curaciones y, justo en ese instante, me asaltan y tiran a matar.

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