domingo, 30 de noviembre de 2008

Ungüento mágico


Así es como se cura una herida:
empieza a cerrarse sobre sí misma, a proteger lo que duele tanto y, una vez cerrada, ya no ves qué hay debajo, eso que provocaba el dolor.
Amy Tan, "La cicatriz", El club de la Buena Estrella, Tusquets

A esta hora de la mañana, a esta hora de la noche, pienso en la reparación. Creo que las heridas cicatrizan cuando se las cura con emplastos de baba de luciérnaga porque ese ungüento, aplicado sobre los labios abiertos de la carne, tiene luz fosforescente que cose los tejidos como si fueran hilos traslúcidos y frescos. Luego se agregan unas hojas de menta y se bebe una tisana de piedras de montaña embebidas en fríos arroyos de deshielo. Es indispensable que sean manos de amor las que curen porque sólo de ellas puede llegar la reparación. Poco a poco la carne amoratada cede, y se forma una cáscara de avellana que un día cae y ya nadie cree recordar que allí había una boca entumecida que sangraba de dolor. Sin embargo, la piel , que ya no duele, que ya no sangra, que ya no está partida en dos, lleva en sí los hilos irisdiscentes de la luciérnaga y brilla pálida con su cicatriz en la oscuridad.

Para Gisele y Pablo, que tanto han hecho por reparar mis heridas. Gracias por sus ungüentos mágicos. Retribuiré con suculentos platos de comida y la primera rosa de mi rosal que es también prodigiosa.

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