viernes, 12 de diciembre de 2008

Arandelas colgantes


A veces me deslizo sobre mis propios espacios intercelulares y me siento porosa, como si fuera un corcho que intenta flotar en la tormenta. Poco a poco me quedo sin nada: no tengo patria en mi coeazón arrugado como papel ajado. Nadie habita los huecos de mi sangre y se oyen ecos de pasos que se van alejando. Vos no estuviste ni estás y cuando todo estalla por los aires -como sucede últimamente cada medio segundo- no hay abrazos que contenga los fragmentos dispersos que vuelan impulsados por el viento. Me encierro en las esquinas de mi cuarto a llorar puertas adentro y salgo secándome las lágrimas a preparar otra taza de café, otra cena, otra ensalada. Queda poco de mí en estos días, arandelas colgando por los aires sostienen el tiempo que se escurre. Todo queda disuelto en las palabras. Debo hallar otros sueños con que forjar mi mundo, pero anda escaso el universo de mis oníricas visiones. Tal vez si duerma un poco más por las mañanas vuelva con los ojos satisfactorios de la alegría. Tal vez...

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