martes, 23 de diciembre de 2008

Dani Dani Dani

Que deje de ser lamentosa.
Que me ponga ácida e irónica.
Que me deje de joder.
Que basta de tanto duelo.
Que sea divertida.
Querido amigo mío, debe ser la sobreingesta de zapallo: anco, calabaza, burdo zapallo de puchero.
Entre los faunos pasados y los presentes, agregados a la momia malvada que me resopla hace tantos años en la garganta, ni buen o mal humor me queda.
Sin embargo, para que usted sepa, mañana estaré en su casa con mi mejor jean y mis zapatillas nuevas (unas converse negras de lona muy bonitas) y hasta beberé una copa de vino, cosa que nunca hago. Pero le voy anticipando que cuando den las doce lloraré un poco (no perdamos la costumbre) y que se vayan todos a la mierda.
Corresponde,
verdaderamente corresponde.
Eso sí, a las doce y cuarto voy a estar durmiéndome.
Es mi costumbre.
Y no hagas nada más por mí que ya fue suficiente. (The last sale of my life, okey?)
En retribución voy a cenar lo que cocines aunque sea la última Navidad de mi vida.

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