lunes, 8 de diciembre de 2008

Deícticos

a mi madre

"¿Dónde estaría el carácter del hombre si no fuera capaz de amenzar a sus amenazadores"

Carl Jung

A través de la selva, llego al claro. Y sólo hay lenguaje: madeja de signos ancestrales tejidos con lianas y allí te enfrento para decir que no. ¿Quién habita en el deíctico que antecede a mi antigua negativa? Significados ocasionales sin niguna casualidad semántica vuelan raudos ante mi cuerpo rasgado por las zarzas y abren sus garras de dos letras para clavarse como filos en mi carne. Sólo deseos cruzados que buscan resistir a la amenaza de la desintegración. Te digo no con las letras ardidas de la furia que vuelve. No porque me hundiste en los pantanos de la miseria y el olvido. No porque no tuviste caricias consoladoras que restañaran las mismas heridas que supiste infrigirme. No a la ley que invocaste cuando eras un par igual en poder aunque pensaras en escalones superiores. No a tus encierros en cuartos de silencio donde mis manos, débiles y pequeñas, no podían llegar. No a los vericuetos de tus palabras que buscan alejarme del amor de mis hombres familiares. No a tu miedo a perderlo todo en el rígido molde de tus prejuicios. No soy la que siempre hizo todo mal. No soy la que se equivocó a cada paso. No soy esa que decís que yo soy. Sólo quienes se ven el borde manchado de barro pueden sembrar la luz en el propio lodo de sus desgracias. En el claro de mi selva hay un remanso hecho de vocablos. Bebo en el río de mi léxico para decirte que no, para decirme que sí. Más tarde sale el sol.

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