El agua helada

Con un pie en una orilla y otro sostenido en el aire miro el agua que corre y pienso: "Llegó la hora de darse un chapuzón." Pero siempre me detengo porque las sumersiones abruptas me crean cierto estado de ansiedad. Dicen que, de golpe, el agua helada no se siente, sin embargo siempre prefiero meterme lenta. No, si a mí se nota de lejos que me gusta sufrir.

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