jueves, 25 de diciembre de 2008

Mariposa

Volé hacia el cielo una vez y jamás regresé. Allí soplaba una brisa celeste que remontaba nubes de lluvia y olía a tormenta de verano otra vez. Siempre huele a verano en el cielo azul desde donde se ven los ríos y los árboles pequeños como lágrimas. Tenía en mis espaldas, justo arriba de mis omóplatos delgados, alas de mariposa y se movían llevadas por el aire de enero como gasas irisdiscentes de color encendido. Era fácil dejar llevarse lejos con una mano apoyada en la tibieza plana de mi vientre mientras las sábanas del aire se enredaban en mis piernas largas. Era fácil entonces ser una mariposa: un cuerpo apenas diminuto, unos ojos inmensos y unas alas de fuego y agua. Tan sólo yo tenía deseo y había un cielo verde bajo mis pies y brillaban los cristales de la lluvia como pequeños espejos donde podía verme remontar tan alto que jamás regresé.

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