martes, 16 de diciembre de 2008

Mónica Volonteri

La extraño como extrañaría una mano si me la hubieran amputado. La extraño en los difíciles días porque me falta su pragmatismo lúcido y brillante. La extraño en los días sencillos porque me gustaría que nos riamos juntas hasta llorar abrazadas. La extraño cuando escribo porque me falta su juicio lapidario y bondadoso. La extraño cuando leo porque navego en la superficie. La extraño en mi terraza que se quedó con horizontes truncos. La extraño porque sin ella no hallo respuesta a mis silencios. No hay nadie que pueda reemplazarla: ella es mi corazón, mi cerebro, mi espíritu; es lo que me falta de madre, de hermana, de amiga. Y está tan lejos, lejísimos de todo, tan en otro universo de calores y playas que yo sólo la extraño y maldigo mi suerte de gente que se va y me parte, de mitades y cuartos que siempre estarán vaciándose. La amistad que nos une cumple este marzo veinte fresquísimos años. Cuando me veo con sus ojos azules soy siempre buena, generosa e inteligente; valgo siempre la pena porque jamás hay pena. Cuando me miro con sus ojos azules soy siempre rescatable y futura, hecha de profundos pasados y livianos presentes. Y sé que, allá, cuando ella se mira con mis ojos ve cosas semejantes y se sonríe feliz en el espejo de las aguas.

1 comentario:

Mónica Volonteri dijo...

Sí Juli, es así, cuando me veo con tus ojos me creo que mis ojos hacen todas esas cosas maravillosas que vos decís. Yo también te extraño pero tratemos de no maldecir nuestras respectivas suertes. Habrá muchos días par volver a estar juntas, lo sé.
Mónica

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