sábado, 27 de diciembre de 2008

Samedi dans la nuit

Llega el sábado con lluvia.
La tierra huele a humedad y a campo.
La casa está todavía dormida y nadie habla.
Espero una noche sin luna y el río como una boca pronta para morderme.
En el horizonte brillan unos barquitos diminutos que no se sabe si parten o regresan.
Sopla una brisa fresca cuando aún no se prenden las estrellas.
Ahora voy y vengo y no me quedo quieta para no pensar demasiado: la adrenalina es mala consejera y siempre sabe a fiesta con serpentinas de colores pasteles.
No quiero hablar de la tarde que falta, de la hora que llega.
Sólo mi vestido de gasa blanca fosforece en la negrura del silencio como una encendida candela.
Hay burbujas en mi estómago que estallan con brillo de purpurina y colores.
No hay cosa que deba programarse: los ángulos de las escuadras están hechos para quebrarse y transformarse en suntuosas líneas curvas que conduzcan hacia cualquier sitio, no tiene importancia. Lo dijo el gato de Chesire cuando Alicia, detrás del espejo, le preguntaba: lo importante es andar, porque todo camino conduce hacia alguna parte.

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