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Mostrando entradas de marzo, 2008

Un jugo de naranjas normal

Salgo de sacarme sangre y voy al bar. Pido un té con leche y un jugo de naranjas. "¿En vaso grande?", me dice la moza. "¿Qué es grande?", pregunto, segura de la subjetividad que porta semejante adjetivo. La chica me mira y repite, "Grande". Yo la observo y recurro al código universal del gesto. "¿Grande así?", y hago una marca en el aire a diez centímetros de la mesa. "¿O así?", a veinte. "¿O así?", cincuenta centímetros. Uma exageración de mi parte, sin lugar a dudas. "No sé... normal.", me dice. ¿Cómo?, pienso, ¿no era grande? Si algo es grande es porque no es normal. O quizá en este bar, lo normal sea grande. ¿Y cómo será entonces acá grande? ¿Un vaso de un metro con una pajita -se dice sorbete, pajita suena mal, casi pecaminoso; aunque yo me empeñe en preguntarle a cada quiosquero dónde están las pajitas- decíamos entonces un vaso de un metro con una pajita de uno y medio. Paren un poco, se han mezclado dos cr…

Resemanticemos

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¡Argentina, Argentina! = (La nación -¿La Nación?- son ellos. Los demás somos extranjeros, negros de mierda, villeros... o lo que es peor ¡comunistas!)
El campo no se toca. = ( ¿Qué? Si lo toco, ¿me surten?)
El país agricola-ganadero = (Yo debo ser de otra parte, entonces)
Unitarios o federales = (Se me patinó la historia. ¿Por qué no autonomistas? ¿Dónde quedó Julio Argentino en todo esto?)
Esto es el comunismo = (Grita una señora en Carrefour el domingo cuando el gerente le dice que el tope de sachets de leche por persona es de diez. Sí, esto es el comunismo y me voy a Cuba a comprar un nuevo teléfono celular.)
La soja no es mala = ( Minga que vamos a redistribuir nuestras ganancias para subsidiar a los que son más pobres. ¡Que vayan a laburar, carajo!)

Ahora me voy a trabajar... epa, claro, pero si los únicos que trabajan son los que fabrican la riqueza en el campo y están de paro hace diecinueve días. Entonces, en este país nadie trabaja...¿Qué? ¿Estamos todos de vacaciones? Ay, qué suer…

A cacerolear, a cacerolear...

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Para muestra basta un botón.
Eso sí... que sea del uniforme de mi empleada doméstica.

No ver

No quiero ver lo que a cualquiera le resultaría evidente: un dos más dos, cuatro. Como siempre lleno los segundos para que sea imperceptible su paso demorado. Otra manera de ocultar el cielo detrás de los cabellos y no ver la tormenta que se avecina negra desde el norte. Hablo por teléfono, lavo, escribo, leo, cocino. Diseño el viaje del próximo verano como quien teje un encaje finísimo y milimetrado. Pero las primeras gotas son como manchas de aceite sobre tejados de algodón de colores. En mi mundo las piezas encajan a la perfección y levantan torres y palacios donde siempre se está cómodo y bien. Practico de a ratos una ceguera digna de cierta rama de mi sangre y de a ratos tengo la mirada de la medusa que todo lo vuelve piedra al escrutar. En resumen: soy quien soy pese a todos los esfuerzos por intentar no parecerme a mí misma. Alguna vez soplará un viento suave que despeje la vistas bajo un rayo de sol.

Los libros

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Me rodean los libros
dispuestos a saltarme en el cuello
para asestarme ungolpe de tinta
de sus mundos inexistentes. Abren sus hojas
para dejar caer
en mis cabellos
la brisa maravillosa de sus frases
que me danzan alrededor
en vaporosas rondas de secretos.
Algunos hombres,
que no he conocido más que a través de papeles escritos hace tantísimos siglos,
me susurran palabras
que saben a rito y encantamiento.
Sus bocas
ya muertas pero vívidamente mías desde siempre
repiten versos
que sé de memoria y murmuro con ellos.
Los lomos suntuosos de los volúmenes
se arquean
para seducirme como siempre
mientras mis yemas los acarician
previendo todo lo que guardan en su interior.
Despaciosos me entregan sirenas de papel,faunos y prados de hierbas y rocío,
todos los caballeros y sus damas infieles,
todos los almirantes y los náufragos
y hasta las marquesitas
que sucumben
a los demonios de la rabia y el dolor.
Y en un reloj
que no puedo apresurar
y que come segundos con lentitud morosa
el silencio se puebla
del recuerdo de sus voces

Inicio

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a mi madre, dorada Clitemnestra en su propia locuraUna vez,
sólo una vez,
en la carne se abrió el pasado de lo que yo debí haber sido
y me quedé con esa imagen de fragmentos
de la que fui perdiéndose en la que soy.
Nunca estuviste allí:
siempre con la mirada y la piel estando en otro sitio,
en otro los abrazos y los besos,
en otros las caricias y los juegos;
y yo dormida en la cuna vacía de la sombra
donde todo quedaba lejos,
tan lejos que nadie podía encontrar (lo/me).
¿Quién era yo, mamá, en la oscura materia de tus sueños?
¿Quién era el manojo de sangre
que no quisiste
siquiera alimentar
cuando era parte indisoluble de tu cuerpo?
¿Quién era yo para albergar la muerte
cuando estaba en tu cuerpo
y me abría
como una inédita flor solitaria y vacía?
Nadie dijo nunca mi nombre en labios de pétalos,
nadie dijo cuál era el deseo que me había alumbrado
y allí estaba,
gimiendo,
pagando en abandono
la luz que no había sido,
el amor que se iba,
el deber que volvía,
y fui culpable siempre,
sin juicio,
sin defensa,
cond…

El arado. Víctor Jara

El muerto de la ambulancia

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A Natalio Porta, que nunca pudo llegar a Río Cuarto

El muerto de la ambulancia, ¿en qué cuenta lo cargamos? Si algún piquete de "negritos", de esos de antes, de esos que enfurecían a los que batían la cacerola el miércoles a la noche, hubiera impedido el paso de una ambulancia y el tipo hubiera muerto de un infarto porque la ruta alternativa se le hubiera hecho demasiado larga, ¿cuántos editoriales de La Nación habrían aparecido para denunciar la barbarie? Qué silencio en los medios ante este muerto de la ambulancia: ni siquiera una tapa o una nota al pie de la última página. Se les murió un tipo, a ver si se enteran; y se murió porque no dejaron pasar la ambulancia. Sí, no dejaron pasar la ambulancia y no fue ningún piquetero morochito, mugriento y sin dientes. Fueron las señoras que toman mate a orillas de la ruta, fueron los señores de pañuelo al cuello que ondean banderas celestes y blancas y preparan la leña para el asado en San Pedro, fueron los que gritan, a voz en cue…

Tener la soja atada

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Yo según Dani

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Sólo faltan mis bucles
El abrazo más constante de mi vida: las palabras
Gracias, Dani
Te quiero desde hace 33 años

Ya

Ya no escribo sobre las cosas que antes escribía.
Ya estoy alejada del vértigo y las cornisas.
Ya no hay palabras.
Ya todo se ha aquietado.
Ya transito el remanso donde el río se envuelve y se hace lago.
Ya salgo de pie de la tormenta.
Ya calla todo.
Ya me siento un estanque.
Ya se detiene el pulso:
Es todo oscuridad en el hueco umbrío del silencio
y estoy sola conmigo
y no veo
y no puedo olvidar
y afuera hay otros vientos rizando las praderas
y afuera me conozco y me sorprendo.
Ya estoy retornando.
Ya respiro cristales helados de otro oxígeno.
Ya lo comprendo todo.
Es una bocanada de pasado que se pierde.
Sólo eso.

Especies en disputa

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Mírelos bien: Trigo, maíz y soja. Especies en disputa. Y si lo piensa bien, tres universos culturales. El trigo fue la alimentación de los pueblos indoeuropeos, léase la cultura occidental, los griegos, romanos, celtas y pueblos urbe et orbi. El maíz nació en América , latina obviamente, digamos, mayas, aztecas, incas, quechuas. Es decir y haciendo historia: el trigo sepultó al maíz que era amarillo como el oro. Bueno, tanto como sepultar... lo trasmutaron en pochoclo para comer mientras miramos la última de Bruce Willis en todos los cines de las cadenas de arcos dorados que crecen como plaga sobre el planeta. Y finalmente la soja, Oriente y las culturas milenarias de China, Vietnam y adyacencias. Eso sí la hicieron transgénica, para que fuera resistente a los venenos que matan a todas las otras plantitas menos a ella. Qué planta tan poco solidaria esta soja, vea. Ella subsiste mientras las demás se ahogan. Y encima se deglute la tierra hasta dejarla flaquita, flaquita. Una pinturita …

Civilización y barbarie

Anoche me fui a dormir con la imagen de cientos de personas llenando la Plaza de Mayo al son de las cacerolas, como antes había visto las rutas cortadas, los tractores parados, las cosechadoras cruzadas en medio de los caminos. Se me abotarga el cerebro de recuerdos: el boicot camionero en Chile, el desabastecimiento, la especulación, el camino hacia el vacío. Pensaba que la Plaza estaba llena de señores con sol de Punta del Este y de chicos que estudian Ciencias Agrarias en la Universidad del Salvador o la Católica y que gritaban si este no es el pueblo, el pueblo donde está. Debo haber evolucionado del 73 a esta parte porque juro que sentí que ellos también son el pueblo... No, no, me rectifico: ellos no son el pueblo, ellos son la gente. Ayer la Plaza la llenó la gente. El pueblo murió en la década del 70 que ellos tanto aborrecen. Pensaba que a muchos el campo les chupa un huevo, que sólo batían la cacerola para invocar los fantasmas del 2001 y ver a la reina Cristina subirse a …

El agua de la memoria

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En medio de la sangre,
atrás de las banderas,
encima de los gritos,
la memoria perdura.
Aferrada a los huesos,
desatada en las calles,
cobijada en los ojos,
la memoria espera.
Estampada en los pechos,
sentada en los cordones,
cantada en las palabras,
la memoria se instala.
Cosida con retazos,
zurcida con momentos,
tejida con el polvo,
la memoria es un agua
que moja las palabras,
que cuaja los recuerdos,
que se hace viento y barre.
Treinta y dos años es un poco de tiempo,
una nada en términos de cielos.
Treinta y dos años son plazas desgastadas,
son madres que ya han muerto,
son hijos que no vuelven,
son nietos que están lejos.
Treinta y dos años es cada 24:
Juicio y castigo.
Por la verdad.
Por la justicia.
Por el recuerdo.

Mañana de viernes en Parque Chas

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Voy a la panadería a las ocho. Me gusta el barrio los días sin trabajo y temprano. Duermen todos y el silencio es profundo, pero está lleno y listo para poblarse de sonidos. Es el primer día del otoño, pero es casi verano. En las calles circulares se oye el canto aserrado de la chicharra anunciando el calor y el cielo está azul y duro. Junto a las puertas de las casas, detrás de las rejas que resguardan los jardines, dos perros duermen con las patas para arriba en pleno goce de su felicidad. Un par de gorriones, menudos y marrones, saltan en las veredas y un benteveo de pecho amarillento salta hacia unas ramas. Las palomas se arrullan en los cables de la televisión. La calle está vacía, apenas un par de autos que pasan de vez en cuando. La empleada de un almacén habla por teléfono y se la escucha desde la vereda de enfrente. Un niño grita tía, tía y me acuerdo de Luca. Es como si todo recién se hubiera hecho: así de nuevo y fresco parece el mundo. En la panadería, la panadera me da el…

Jaime Germá Besó

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Jaime no me conoce. Nunca nos hemos visto. Ni siquiera en foto. Es nieto de don Francisco Germá Alsina, alcalde republicano de Jerez de la Frontera. La noche del alzamiento , en el verano del 36, Francisco fue detenido, delante de sus diez hijos. Como faltaba uno de la lista , salvó esa vez su vida porque el tipo dijo que los fusilaba a todos o no mataba a nadie. Lo encarcelaron y un día lo metieron con otros trece en un camión para matarlo en una plaza de toros. Pero otra vez actuó la Providencia y, junto con siete, desde el vehículo vio cómo la descarga de las balas acababa con la vida de los seis republicanos. Bajaron a los ocho que quedaban al centro de la plaza, junto a los seis cuerpos calientes, y alguien dijo: "Germá, al camión", desde allí volvió a ver cómo fusilaban a los siete que quedaban. Ese día él volvió solo a la cárcel. Allí estuvo en la misma celda que su yerno, mi tío abuelo Teodoro, que estaba casado con su hija Paquita. Teodoro pudo huir a Madrid y, c…

Cansada y triste

Ni yo ni nadie ni las cosas. Y yo y alguien y las cosas. Todo en su sitio y todo entremezclado y aturdido. Y encima, sobrevolando, una apatía, un no querer lo que se dice que se tiene, un temor al error del paso subsiguiente y una alegría que ya no está, que no estará, que ha desaparecido para siempre y no hay ave, en este caso, que pueda renacer de sus cenizas. Le temo a la palabra que lo nombre y a los pensamientos de los otros sobre ello. Estoy cansada y triste. Sólo eso.

Legal

Estuve toda la tarde planificando. Acá hago un aparte para anunciarles que sí, yo soy la alumna perfecta, la que hace todo en fecha y si es posible, antes; la que si le pidieron diez hace doce y si le hubieran pedido doce, habría hecho catorce. Así que me dijeron después de Semana Santa y yo ya lo había hecho. Sólo faltaba imprimirlas. Otro aparte: odio hacer las planificaciones, no me sirven para nada, no las miro jamás, son "instrumentos didácticos" del orto, tengo el año en el cerebro y sé qué debo enseñar, cómo, cuándo y cómo sin ponerlo en ningún papel de porquería. Porque de eso se trató. De un papel de porquería. ¿A quién se le ocurre que las planificaciones anuales se hacen en tamaño oficio? Es un tamaño que nadie usa, que es incómodo de trasladar y que me obliga a comprar una resma que va poniéndose amarilla dado que la uso sólo para hacer las nueve planificaciones que hago año a año. En otro aparte debería decir que aborrezco el tamaño "Legal"... Legal, l…

Quince

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Como podría haberse arrodillado en el confesionario de una Iglesia, ella leía a Lenin para saber si debía acostarse con su novio. Y por las noches, en la ventana de la ferretería de Holmberg y La Pampa el corazón le latía apresurado, fuera de todo. El mundo era una fruta intacta, jugosa y llena de dolores prematuros. Los libros no siempre traían las respuestas a todos los deseos ni a los miedos y él, un día, le regaló un poema de Neruda en el asiento de atrás de un colectivo cuyo número se ha borroneado con el tiempo. Después lloraron en sus cuartos respectivos. El cuerpo había burlado sus profundos mandatos porque se había antepuesto la conciencia hecha de dudas y preguntas absurdas. Los años enseñaron otras cosas: el amor y el deseo no siempre se amontonan en jubilosa algarabía. A veces van por sendas separadas y desde lejos, saludan, divertidos, a los textos. Piel, corazón, cerebro: menuda trinidad en la que filtra el tiempo.

El asalto a Madrid

Madrid era la joya, la capital, el territorio donde plantar banderas y triunfar. La Junta de Burgos y el general Varela lo sabían y eligieron el 7 de noviembre para cruzar el río Manzanares y ocuparla. Del otro lado, el general Miaja y el coronel Vicente Rojo se prestaban a la defensa. Era 7 de noviembre y los aviones alemanes surcaban los cielos con sus bombas. De Cataluña llegaron milicianos, de Francia, de Inglaterra, de Alemania. Madrid era asaltada y resistía: desde las casas, en las trincheras cavadas con apuro, en los suburbios obreros y en los barrios donde se habían desparramado los que venían huyendo de las zonas ocupadas. Un tanque italiano saltaba por los aires a la noche de ese día en la carretera de Extremadura. Resistían. Entre los adoquines levantados de las calles, con las granadas de mano salidas de las industrias de la República, en las cocinas de campaña que las mujeres armaron en las plazas y en los puestos de auxilio que construyeron apuradas. Umbral por umbral,…

Tristeza

Hoy leía Fuegos de Yourcenar y lloraba. No sabía a ciencia cierta por qué, pero en algún recodo de mi cerebro lo sabía. Es simple: nada más triste que una ruta en medio del desierto, nada de nafta en el tanque y ninguna gasolinería a la vista. Sin duda, pudo haber sido algo mejor y fue sólo otro viento rodando sobre la tierra suelta. Creo que no debería enfermarme con tanta frecuencia: las anginas son malas consejeras para el corazón.

Desamor

De todos los pedazos, instantes de momentos, sólo quedan las alas vaporosas de la sombra.
Los ojos se diluyen, las manos se adelgazan y las palabras son ecos que repiten los recodos de las calles.
¿Y el cuerpo? ¿Aquello que era instancia poderosa en la que se anulaban discordias y tormentos? Nada quedó sino una estéril silueta que no nombra, que no destaca la carne que la hizo imprescindible.
Esto fue siempre el destino: un irse hacia el olvido, un perderse, un ya no estar, un nunca que se sabe para siempre.
Luego, llega la muerte.

Francisco de Quevedo dice

En crespa tempestad del oro undoso,
nada golfos de luz ardiente y pura
mi corazón sediento de hermosura,
si el cabello deslazas generoso. Leandro, en mar de fuego proceloso,
su amor ostenta, su vivir apura;
Ícaro, en senda de oro mal segura,
arde sus alas por morir glorioso. Con pretensión de fénix, encendidas
sus esperanzas, que difuntas lloro,
intenta que su muerte engendre vidas. Avaro y rico y pobre, en el tesoro,
el castigo y el hambre imita a Midas,
Tántalo en fugitiva fuente de oro. de Quevedo, Francisco. Obras completas I. Poesía orig

Jorge Luis Borges dice

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El hilo que la mano de Ariadna dejó en la mano de Teseo (en la otra estaba la espada) para que éste se ahondara en el laberinto y descubriera el centro, el hombre con cabeza de toro o, como quiere Dante, el toro con cabeza de hombre, y le diera muerte y pudiera, ya ejecutada la proeza, destejer las redes de piedras y volver a ella, a su amor.
Las cosa ocurrieron así. Teseo no podía saber que del otro lado del laberinto estaba el otro laberinto, el del tiempo, y que en algún lugar prefijado estaba Medea.
El hilo se ha perdido; el laberinto se ha perdido también. Ahora ni siquiera sabemos si nos rodea un laberinto, un secreto cosmos, o un caos azaroso. Nuestro hermoso deber es imaginar que hay un laberinto y un hilo. Nunca daremos con el hilo; acaso lo encontramos y lo perdemos en un acto de fe, en una cadencia, en el sueño, en las palabras que se llaman filosofía o en la mera y sencilla felicidad.
Cnossos, 1984

Borges, Jorge Luis, Los conjurados, Obras completas III, Madrid, Emecé, 1986

Juan José Saer dice

El que se llora
¿Qué lloramos de nosotros mismos cuando nos lloramos en sueños? Lo sabe únicamente el que se llora. Buscar en esa fuente de llanto es un trabajo difícil y la mirada tranquila de la curiosidad no alcanza a ver tan hondo. Para ver el dolor, tenemos que estar en él. Pero lo que sorprende todavía más es que el que se llora está parado en un punto tan singular de la gran llanura de la pena que su llanto es al mismo tiempo recuerdo y anticipación. En las grandes llanuras, el horizonte es siempre circular, idéntico, vacío y monótono.

Saer, Juan José, Cuentos completos, Buenos Aires, Seix Barral, 2006

Leo Masliah dice

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Para ahorrar energía eléctrica, las autoridades de Santa Bernardina del Monte dispusieron que a la cero hora del día veinticinco los relojes se atrasaran una hora, pasando a marcar las veintitrés horas del día veinticuatro. De este modo la gente que tuviera que levantarse a la hora siete del día veinticinco no tendría que prender ninguna luz, ya que en realidad serían las ocho y el sol estaría ya en plena actividad.
Cuando llegó el momento -la cero hora del día veinticinco- la gente de Santa Bernardina del Monte, obediente como era, atrasó sus relojes una hora. Fueron entonces -o volvieron a ser- las veintitrés horas del día veinticuatro. Una hora después, los relojes volvían a marcar la cero hora del día veinticinco. La gente de Santa Bernardina del Monte, obediente como era, atrasó sus relojes una hora. Volvieron a ser entonces las veintitrés horas del día veinticuatro. Una hora después, los relojes volvían a marcar la cero hora del día veinticinco.
-¿Qué hago, mamá? -preguntó un jo…

Jorge Luis Borges dice

Un hombre que cultiva su jardín, como quería Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música.
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
El tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada.
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
El que acaricia a un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.
Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.

Borges, Jorge Luis, La cifra. Obras completas III, Barcelona, Emecé, 1996

Juan José Saer dice

La poesía no es un río majestuoso y fértil sino una piedra firme en medio de la corriente que se deja pulir por el agua.

Anécdota escolar XLVI: Magia oriental

Profesora: En Haiti, como dice el poema, suele practicarse una religión de origen africano denominada vudú.
Alumna1 : (Desde el fondo) Ay, a mí me encantaría saber magia vudú, ser vuduísta
Alumna 2: (Desde el primer banco, se da vuelta) Sí, yo, en una época, también quería hacerme budista.

Anécdota escolar XLV: Al final la clase de literatura sirvió para algo

Profesora: (Leyendo y analizando el poema "Preludio en Boricua" del poeta portorriqueño Palés Matos). ¿Comprenden?
Alumno: (Enciende el celular y pone una canción de Ricky Martin) Oí, oí.
Profesora: ¡Me hacés el favor y apagás eso!
Alumno: No, oí. Vas aver que ahora dice Boricua. Ahora entiendo lo que dice.
(Ricky Martin canta y dice efectivamente "Boricua".)
Alumnos: Sí, qué bueno. Entendemos a Ricky Martin.
Alumna: (Desde el fondo) Y yo, con ese cuento de Carlos Fuentes que leímos, entendí esa canción de Arjona que habla de los mojados. Claro, son los que pasan ilegalmente el río Bravo.
Profesora: (Se toma la cabeza resignada) ¡Dios mío!

Anécdota escola XLIV: Producción nacional

Gracias a Adriana Fernández, profesora de matemáticas
Profesora: En este problema tienen que hallar el producto de estos dos números.
Alumno: No entiendo.
Profesora: ¿Qué es lo que no entendés?
Alumno: Lo del producto.
Profesora: ¿Vos sabés que es el producto?
Alumno: Sí, una cosa que uno fabricó.


La gorda se divierte

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Miranda Pinasco, marzo de 2008, Uruguay

Muerta de amor

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Luca Pinasco, marzo de 2008, Uruguay


Una tarde en la playa

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Buquebus: no me simpatizás en lo más mínimo

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Esta vez llegué a horario a la terminal de Puerto Madero. Tanto que pude comprar mi bus, cambiar dinero, tomar un café y comer un sandwich. El barco salió a horario y mi hermano me esperaba en Montevideo 22 y 45. Llegamos a Colonia en hora, en la Aduana nadie me hizo abrir ninguna de las dos cajas que llevaba ni presentar ningún papel. Me sentía una contrabandista de triciclos preguntándose cómo hacen para detener a los que ingresan con algo ilegal. Subí al micro y, obviamente, algo empezó a salir fallado. Primer asiento: yo, con mis 48 kilos y, al lado, una norteamericana de alrededor de 150, ni una gota de desodorante, calzas amarillas de lycra, blusa negra con letras fosforescentes, bolso dorado y ojotas con piedras negras brillantes colgando. Lo primero que me dijo fue "You speak english?". Tuve la malhadada idea de decir "A little...". Desde ese preciso instante me parloteó en inglés todo el trayecto exigiendo respuesta inmediata pese a oservar mis denodados…

Anécdota escolar XLIII: Lo sé todo

Profesora: (Cansada porque el alumno no contesta positivamente ninguna pregunta) A ver, ¿qué clase de subsistemas pronominales conocés?
Alumno: (Piensa un rato) Todos.

Instrucciones

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Globos azules y chupetines de fresa.
Y una lluvia de serpentinas y confetti en una fiesta.
Después,
ir al baño
y, de rodillas contra el inodoro,
vomitar el pasado
hasta que no quede nada.
Sólo entonces tirarse a dormir sin desvestirse.

Regalo matinal

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Ha comenzado marzo que es, de por sí, un mes de comienzos, un momento en el que pasan siempre cosas serias. Hace tres días que llueve y mi manta de broderie blanco quedó bajo el agua mojándose. Pese a haberme acostado tarde -cena con amigos en casa (para mí arroz porque, si no fuera quien soy, cualquiera diría que somatizo el viaje a Santiago de Mariano)-, me levanto temprano y, ante el primer sol de este mes, subo a ver qué quedó de mi manta. Algo cruza el cielo. Como una sombra veloz y sostenida. Como una inmensa opacidad verde y se pierde detrás de la puerta de vidrio hacia el jardín de al lado, fugaz, momentánea. Pienso qué mariposa enorme, o será un murciélago, no, muy pequeño para Batmans naturales, y, además, preferiría no pensar en roedores que vuelan. Debe ser el relato de anoche de Juan que me hace verlos ahora. Así que vuelvo sobre mis pasos y me inclino sobre la pared blanca de mi terraza donde está mi rosal y el ceibo vecino se desguaza en flores rojo aterciopelado. Ento…