jueves, 1 de enero de 2009

Filosofía de Año Nuevo

Ahí está mi vaso violeta. Sobre la biblioteca. Un vaso que sirve para contener y beber líquidos. Y está vacío. Pero si ustedes miran con atención, mi vaso está lleno. De luz. Mi vaso violeta está lleno de luz en la biblioteca. Así que aclaremos bien los tantos antes de que pase el día de Año Nuevo y hagámoslo a esta hora en que todos duermen y el mundo parece recién estrenado:
Nadie se "merece" que le pasen cosas buenas. Es tan sólo una mera cuestión de praxis. Cada uno debería hacer para que le pasen cosas buenas: para que llegue el amor, para que se instale, para que crezcan alegres y sanos los hijos, los sobrinos; para que los amigos se multipliquen, para que la mesa se amplie; para que la vida propia -la personal, la íntima- sea un árbol lleno de frutas jugosas que refresquen, que alimenten y que jamás se pudran en las ramas. Una debe hacer porque las personas somos un hacer que nos constituye y fundamenta.
Pero como toda praxis conlleva en sí misma una teoría, la ideología debe estar para sostener una buena práctica de la vida: coherencia, compromiso, solidaridad, sís y nos por partes necesarias, perseverancia, esfuerzo, alegría y un par de utopías que marquen un sendero.
El vaso violeta rebasa luz en la mañana de Año Nuevo.
Y yo escribo, que es mi mejor praxis. Las otras, de las que aún carezco, intentaré aprender las en este Año como aprendí a desarmarme en el Año Viejo con las ventajas que están a la vista. Me puse metas que sostengo con mi ideología, pero son pura praxis. Y mi vaso está y estará siempre lleno.

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