miércoles, 21 de enero de 2009

Leer


Quiero leer hasta que mis pupilas se quemen o mi sangre se infecte.
Quiero palabras y palabras y palabras aún y todavía.
Quiero perder la vista en el papel cuando las letras conforman un torrente que es el texto que me inunda hasta ahogarme.
Quiero quedar insomne, sin dormir entre los libros -mi biblioteca es un monstruo deforme que extiende sus tentáculos por mis paredes como si fuera a devorarme en cualquier descuido imprevisto-.
Quiero leer letras impresas en la piel, en los pliegues de tu cuerpo, en el revés de mis manos, en el borde de los manteles y las sábanas, en las copas donde la sidra fresca tiene letras que estallan en burbujas doradas.
Quiero hallar letras en el ruedo del sol que digan, que informen, que me incendien y me enfríen.
Quiero leer hasta que el mundo se disuelva y vuelva a encarnarse en tinta roja y negra.
Quiero extender el virus de lenguaje por el mundo para el que no hay vacuna ni la habrá. (Todos pronosticaron la muerte del libro en manos de la computadora: se murieron los discos, se murieron los diarios, se murieron los cines...¿Pero el libro? ¿Quién podrá meterse con una notebook en la bañera?)
Quiero más y más libros porque ya hay tantos y tengo poco tiempo.
Quiero ser el Quijote que se ha leído todo y se convierte en libro.

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