viernes, 2 de enero de 2009

Los nudos de Gisele

Hacerle otro nudo y volver a tirar.
Y tirar como si hubiera cuerda para seguir atando.
Y el pecho en llamas secas.
Y los pulmones como pedazos de papel pegado.
Otro nudo cerrado y el tirón en medio de tu cuerpo chiquitito.
Y la cocina caliente del primero: yo, apoyada en la mesada y vos, Gisele, sentada en la escalerita con tu piyama rosa.
Las madres somos seres complicados y debemos crecer a fuerza de renuncias. Llevamos un bebé adentro de la carne y, lentas, debemos renunciar a esa sangre. Se trata de crecer, de desprenderse, de desatar los lazos de células que nos atan a ustedes, ver que son otros, que tienen otros rumbos. Y soltarlos para que nos olviden que es lo mejor que pudiera pasarles.
Te toca la peor de las desgracias. Lo digo porque sé bien de qué se trata eso: la de saber que no se tiene madre aunque haya una, que no hubo ni habrá regazos, que nadie pasa la mano por tus cabellos infantiles para decirte que respires profundo, que no te hicieron torta cuando cumplís los años, que te mandaron lejos, que te involucran siempre si piensan en desgracias.
Gi, los jardines de al lado siempre son más floridos, tienen mejores flores y el jardinero viene tres veces por semana; pero nos toca el nuestro y está lleno de abrojos, las flores ni las vemos y nadie nos ayuda a volcarles el agua. Pero es el nuestro y allí la tierra sabe a tierra, el aire se levanta en súbitas tormentas y amaina, siempre amaina. No hay nada que dure para siempre. Ni siquiera las madres y el dolor que nos causan.
Vos tenés manos de música que deshacen los nudos, que despegan pulmones, que dejan correr brisas perfectas de verano. Yo te ofrezco la escalerita y la mesada para que llores todas las veces que sea necesario para ablandar la cuerda, para moler la piedra, para arroparte cuando necesites la taza de café que reconforta.
Quien atraviesa el miedo y la soledad con los ojos abiertos sabe ver cuántas plantas quedaban por cuidar en su terreno.

te quiero, Gisele.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Yo también te quiero, Juli. Gracias por ese primero de año y por todos los demás primeros de año en los que me escuchaste y me abrazaste y me dijiste cosas que me hicieron bien.

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