miércoles, 31 de diciembre de 2008

Su mundo por un tejado


Creció en un departamento de un ambiente del que nunca salía y gastaba sus energías saltando del ropero al sillón o haciendo carreras entre los estantes de la biblioteca. Avatares de la existencia lo cargaron en el baúl de un auto y lo depositaron en un piso 12 con vista a la calle Malabia donde los cuatro ambientes deben haberle parecido un reino. Más tarde , semejantes circunstancias lo trajeron a casa: patio, terraza, puertas y ventanas abiertas, escaleras, tejados y jardines vecinos. Termina el día exhausto y dormita en una silla, debajo de la mesa y al amparo de tanta exagerada desmesura. Durante la mañana se desliza sobre el techo entre las plantas desbordadas que compartimos con los vecinos. Su instinto dormido de tigre se ha despertado y vigila, desde las chimeneas y la ventilación, el silencio ventoso de la cuadra. Sus ojos se han vuelto verdes y hondos para comprender cómo había vivido tantos años sin saber qué era esto de ser gato de casa abierta y barrio bajo.

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