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Mostrando entradas de febrero, 2009

Escribo un libro

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Hay una montaña de papeles blancos que me llaman desde la pantalla luminosa de mi computadora. A decir verdad son 280. Entonan la seductora canción de la hoja en blanco y, cuando me acerco para llenarlos, son muchachas histéricas que no se dejan ni siquiera tocar. En mi mesa se mezclan sus versiones de celulosa y la página uno se completa con la página veinte porque dónde habré dejado la tres y la veintiséis. La calma se pierde cuando la cosa se pone esquiva y hay que sacar a Ortega y Gasset para que entre Ciro Alegría que encima grita que el mundo es ancho y ajeno y qué joder. Los comuneros de la rima consonantes abuchean cuando declama Maiakovski mientras doña Bárbara se pregunta qué hace la loca de Alfonsina sumergiéndose a los treinta y pico en el mar. Al lado gritan los predicados que los sujetos no son nada sin ellos y los sujetos le contestan que sin sujeto no hay nada de qué predicar. La be dice que se la respete y la ce algo así. Deambulan puntos, comas y a continuación un p…

La casa de Andrea

Yo tuve una infancia con una madre que deambulaba demente de un cuarto a otro, un padre que intentaba que aquello nos pareciera normal y dos hermanos a los que tuve que adoptar como hijos para no crecieran en medio del desierto de la tristeza y la soledad. Cuando se hicieron grandes se fueron lejos para sembrar su historia en otras tierras que no supieran a tragedia o que, al menos, desconocieran la que a nosotros nos habìa tocado atravesar. Y yo, más apegada a todo, me quedé acá: sin familia, sin origen, sin nadie a quien decirle si se acordaba de las tardes de verano en las veredas de Parque Chas. Y en mi corazón vacío, la familia ocupaba un idílico espacio que tenía siempre idénticas imágenes: niños corriendo, una mesa con mantel blanco en el patio y adultos conversando mientras el tiempo se endulzaba en una somnolencia que tenía el color de la felicidad. Con el correr de los años llegaron mis sobrinos; pero siempre tan lejos, tan imposibles que no puedo ser, sino de a ratos, la …

Mariposa

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No se trata de manuales ni tan sólo de textos instructivos en los que debe usarse el infinitivo o cualquier forma de imperativo en registro formal o informal. Se trata de no volver a atrás sobre mi misma ruta para intentar que esta vez la experiencia sea feliz. Yo, que soy fuerte y segura como una piedra, despierto sentimientos de terrible fragilidad. Es que, a veces y sólo a veces, suelo descansar si me ofrecen un hombro y hasta llego a dormirme apoyada sobre él. El asunto reside en cómo llegar hasta esa vez, Mientras tanto vuelo como una mariposa: veloz, en medio de las flores, apurada porque la vida se está acabando y se va, con la infinita tarea de libar todas las flores para siempre esté bello el jardín. Nadie puede seguirme hasta ese instante en que el aleteo se detiene y miro alrededor. En el jardín siempre queda algo por hacer y el día es corto como un soplo feroz. No hace falta instructivo que diga que la mariposa puede morirse si el viento es fuerte, que sus alas se quiebra…

Erizo

A la larga o a la corta los erizos se ovilla y no hay panza para poder rascar.

Luca

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Luca dice que no come vaca porque él no es un perro.
Luca dice que, cuando sea grande, él no quiere ser como Homero Simpson.
Luca canta todo el tiempo "Humo sobre el agua".
Luca camina por el borde del caminito y junta flores color amarillas.
Luca dice que los que se besan se están enamorando.
Luca juega a que es un pez y las sábanas son agua.
Luca dice que los peces no se pescan con redes o con anzuelos sino con caricias.
Luca dice mirá, tía Julieta, cómo nado.
Luca pide que lo alcen porque la arena quema.
Luca dice puta que lo parió y se ríe a carcajadas.
Luca se duerme y sueña desparramado en la cama.
Luca golpea la puerta y grita fuerte primo pablo despertáte.
Luca se va en el fusquita y yo lo veo irse y lloro,
porque estamos lejos,
porque habrá que aguardar otro verano,
y el tiempo es una boca que se devora uno a uno todos estos momentos.

La gota que rebasa el vaso

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Se desborda.
Una gota y otra y otra y el vidrio se quiebra contra el borde afilado.
Alguien trae un trapo y seca.
Pone paños que absorben lo que sobra, lo que rebasa, lo que anega y ahoga y asfixia.
Respiro profundo y miro el calendario.
Demasiados pasos para una sola hora.
Respiro profundo y me quiero dormir.
Pero falta todavía un río torrentoso que me lleva sin que pueda saber qué hay más allá.
Son muchos instantes sumados al pie del amontonamiento.
Ya pasará.
Como todo.
Ya pasará y volverá el tiempo de la mansedumbre.
Vos lo entendés.

Últimas imágenes de un paseo por la felicidad

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El primero te lo regalan, pero...

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Comunidad Movistar. Cada vez que suene esta frase será beneficiado con un 50% de descuento en su llamada, SMS o la puta que los parió. Yo sólo quiero que le den de baja a un celular que se perdió. Pero la simpática empleada "Señora, no me grite." no tiene la palabra "baja "anotada en el instructivo. Mejor ordenemos el relato.

Llamada 1: 16: 05
Opción 1:
Señorita Movistar 1: ¿En qué puedo ayudarla?
Yo: Mirá, a mi hijo se le perdió el celular y quiero darlo de baja.
Señorita Movistar 1: Bueno, ahora le tomo la denuncia por robo.
Yo: No, robo no. Lo perdimos, no nos lo robaron.
Señorita Movistar 1: Robo, extravío, es lo mismo. (Debería haberme puesto alerta... o avisar a la justicia, siquiera. Para Movistar es lo mismo el afano que la pérdida. ¡Mirá vos!) ¿Número? (¿Para qué me hacés ingresar el número al comienzo si me lo volvés a preguntar?)
Yo: 011 31....
Señorita Movistar 1: Bueno, ya está la suspensión del servicio. (Atención, dijo "suspensión". No dijo "…

Dejar en claro

Mamá bailaba
y entre plié y demiplié
se ocupaba de dejar en claro
que no me quería.

Yo escribo
y entre palabra y palabra
me ocupo de dejar en claro
que no me importa.

Presente de indicativo

Hace miles de millones de años que Pablo y yo no estamos juntos vacacionando. Si no me equivoco desde febrero de 2002. Es placentero verlo sumergirse en el mar y volver por unos mates mientras lee a Miguel de Unamuno. A mí se me dio por Flaubert y por Manuel Puig. Anoche cenamos e hicimos una caminata hasta el mar a oscuras. A medianoche el cielo se vino abajo y ahora sale un sol tímido entre una capa de veraniegas nubes grises. No le pido nada a la vida porque, a su manera y en cuentagotas, me va dando lo que necesito. Quiero tener una existencia plácida, lejos de las turbulencias en que mi corazón se ahoga a menudo; quiero vivir así, en presente de indicativo. Quiero que ese presente sea el de la enunciación: que las cosas transcurran mientras las digo y las hago. Afuera de esta casa hay un pájaro saltando entre el césped que todavía debe estar húmedo. Pablo duerme. Yo escribo y tomo mate. Las cosas suceden mientras las digo y no hay ni una historia que observar ni un mañana que res…