miércoles, 25 de marzo de 2009

Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia


La música no estaba dispuesta a dejarse oír. No había manera. Entonces cantamos el himno a capella y sonó como nunca, claro, fuerte, emocionado. Después hicimos memoria y, por primera vez, desde la llegada de la democracia, los nombres de los cuatro desaparecidos de la Escuela volvieron a sonar en el Salón de Actos donde un par de centenas de adolescentes de entre 12 y 17 años me oían en absoluto silencio. Por primera vez supieron que en sus mismas aulas habían estudiado tres chicos que estaban desaparecidos y que en sus pizarrones había escrito con tiza blanca una profesora que había sido fusilada. Los nombres de José Antonio, Cecilia Inés y María Esperanza Cacabelos y de Eduardo Degregori se oyeron y planearon hasta llegar a todos nuestros corazones. En la tercera fila, Pato, la Secretaria, que fue alumna de María Esperanza, lloraba con los ojos enrojecidos. Cada 24 siento con más claridad y fervor que si no logro sembrar en estos chicos la semilla de la memoria habré errado mi vocación y con mi palita todos los días cavo y cavo hasta que entre la luz por el otro lado del planeta. Después del acto nos abrazamos fuerte porque no todo está perdido, pese a lo que quiera decirse.

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