domingo, 8 de marzo de 2009

El club de las chicas de Letras

Las chicas de Letras -estas al menos- son casos bastante especiales. Ellas no tienen sangre sino tinta, no transpiran sudor sino versos, se ríen de las sesudas teorías y análisis literarios porque saben que no hay mejor teoría que la praxis ni más análisis que una buena síntesis un domingo de lluvia sin salir. Las chicas de Letras creen que son Antígona y Desdémona y a veces hasta Wendy sin Peter Pan. Para algunos están dementes como Ofelia, para otros son Lizzy Bennet a la hora del té. Ellas viven como jeune filles en fleurs a fuerza de puras madalenas en Combray y en ciertas oportunidades más que Albertine desearían ser Odette y, en realidad, sólo le llegan a los talones a Emma Bovary. Las chicas de Letras se aburren como ostras en las clases de literatura renacentista, pero gozan cuando se trata de latín o medieval. Las chicas de Letras leen literatura francesa, italiana, alemana, portuguesa, española, inglesa y un poco más de latinoamericana y argentina. Son vistosas, pero inconvenientes; tienen un humor sutil y una dureza nacida en aulas pretéritas y en las de Puán. Lloran a mares cuando se muere por vez número mil el Quijote y se ríen junto a Rabelais. A veces lamentan no ser ya jóvenes y andar criando hijos, otras querrían tener la sabia vejez de Yourcenar. Han usado medias de encaje en las largas trasnoches de los 80 cuando solían recalar en oscuros tugurios paraculturales y Batato les decía que escribían igual a Pizarnik. Ellas fueron a Cemento, ganaron alguna Bienal, fueron partícipes de centros culturales y desearon alguna tarde morir de amor en Chacarita. Tomaron mate con amigos en un patio y fueron casi domésticas por vocación. Pegaron estantes que luego se caían y amanecieron con vestidos dorados en Babilonia sin medialuna ni tierra fértil y con un brutal dolor en medio del corazón. Hoy las chicas de Letras se sonríen y en secreto recuerdan descoloridas fotos, antiguos cuadros, viejas canciones; insólitos recuerdos de quienes siempre tienen algo para contar. Cierran las tapas de su memoria porque ahora tienen libros que deben editar. Las chicas de Letras son encantadoramente complicadas a la hora de dejarse vivir. Si te has topado con una de ellas, deberías saberlo: crean una suerte de sutil adicción.

2 comentarios:

Mariana C dijo...

Las chicas de Letras somos atemporalmente encantadoras.

Menos las medias en los 80 me siento totalmente identificada.

Un placer leerte, Juli

Julieta Pinasco dijo...

Mariana: Si no me equivoco, en los ochenta, vos, en vez de medias de encaje, andabas por los pañales descartables. Nosotras usamos los de tela que había que hervir después de enjuagar.
Besos
Juli

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