lunes, 16 de marzo de 2009

El club de las chicas de Letras

Las chicas de Letras tenemos una gran dificultad: no podemos distinguir entre la realidad y la literatura, lo que nos suele traer más de un inconveniente alguna vez. El trabajo y la vida se nos mezclan. Los días se tranforman en hojas de un libro que nunca dejamos de escribir. Somos Medea y blandimos un puñal vengativo o Ifigenia a la hora del cuchillo y la cierva. Querríamos mezclar a Galatea y a Elisa y que nos lloren pastores por igual. Ser Nené y Mabel y hasta Raba en su carro triunfal de verdulera. No sabemos si, al levantarnos ,éramos un personaje o un ser humano de sangre y piel. Al fin y al cabo, poco nos importa. Lo que nos pasa es tan intenso como un libro y revolvemos tomos buscando la palabra que nos diga cuál es el paso siguiente para dar. Lo que otros dijeron es como borra donde leer los antiguos oráculos que leyeron los clásicos y querríamos que nos amen Odiseos como si fuésemos Circe, Calipso, Nausicáa y la vieja Penélope en su lecho de olivo y sal. Las chicas de Letras no mentimos porque siempre nos reclama la coherencia textual. A veces las historias se nos chingan y no podemos imaginar ningún final feliz. A veces desearíamos hacer como Wakefield y desaparecer a la vuelta de nuestra propia casa para regresar veinte años después. Cuál sea el límite entre la verdad y la ficción es un duro problema que nos lleva a deambular por consultorios de analistas que se alimentan siempre de nuestra ansia irrefrenable de contar

2 comentarios:

Lululi.* dijo...

En cada texto, reconfirmo la idea de que soy una chica de Letras!
Por eso, para evitarme tantos trajines, decidí mudarme a Wonderland, en donde ya no existen ni la realidad ni la ficción.
Te quiero, amigaaaa

Anónimo dijo...

querida juli:
sí, sí, sí y sí.
somos chicas de letras. lo tuyo acá es casi, casi un manifiesto.
muy bueno, beso grande.
flor, tu compañera del patio del cefe.

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