lunes, 30 de marzo de 2009

El estómago

El estómago se frunce y se endurece, como si todo quedara allí: el año que pasó, los dolores en la nuca cuando se siente la locura galopar hacia una, el viaje que no pudo ser y el océano que es cada día más ancho, el trabajo a destajo, lo que no se comprende nunca, los pedazos de alma que quedan sin unir para siempre, el amor que no se tuvo y no se puede dar, el cuerpo exiguo, la maleza que se cierne y lo tapa todo, la punta del ovillo que se esconde, los monstruos que acuden en tropel a los sueños, lo que no quise hacer, pero hice; lo que sí quise hacer, pero no pude; las fallas, las gruesas y las imperceptibles; el almanaque que se vence cada día...Y una noche el estómago, que es elástico, que es estira, que cede, grita BASTA y empieza a vomitar lo que tenía y se contrae como un guante de fuego hasta quedar vacío y laxo y olvidado. La mente, en cambio, sigue repleta de tormentas que no cesan aunque lleguen los fríos a poblar mi horizonte con copos de escarcha. Así quedé, tendida y sola, esperando que mi cerebro fuera capaz de vomitar, él también, todo lo que le sobra.

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