Nena

Podés hacerte el ruedo prolijito, prolijito.
Podés usar el shampoo más caro del estante.
Podés tener los mejores zapatos, las carteras más finas, los vestidos más nuevos.
Podés ir y venir en limousine.
Pero a cierta hora de la vida
el ruedo se descose,
los cabellos se opacan,
los zapatos se ajan
y las limousines pinchan los neumáticos.
En ese instante, yo estaré ahí para ver cómo mostrás la hilacha.
Y vos ya lo sabés.
Me podés haber engañado algunos meses, es verdad;
pero, a la larga o a la corta, quien es como sos vos no sostiene la máscara con pulcritud.
Y ya vas derrapando.
Se te corre el rimmel.
Se te empasta el rouge.
Tu perfume se agria.
Y yo te estoy mirando.
Anoto tus fracasos.
Siento lo que antes me ocultaste.
Y vos, nena, ya lo sabés.

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