sábado, 21 de marzo de 2009

Nena

Podés hacerte el ruedo prolijito, prolijito.
Podés usar el shampoo más caro del estante.
Podés tener los mejores zapatos, las carteras más finas, los vestidos más nuevos.
Podés ir y venir en limousine.
Pero a cierta hora de la vida
el ruedo se descose,
los cabellos se opacan,
los zapatos se ajan
y las limousines pinchan los neumáticos.
En ese instante, yo estaré ahí para ver cómo mostrás la hilacha.
Y vos ya lo sabés.
Me podés haber engañado algunos meses, es verdad;
pero, a la larga o a la corta, quien es como sos vos no sostiene la máscara con pulcritud.
Y ya vas derrapando.
Se te corre el rimmel.
Se te empasta el rouge.
Tu perfume se agria.
Y yo te estoy mirando.
Anoto tus fracasos.
Siento lo que antes me ocultaste.
Y vos, nena, ya lo sabés.

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