jueves, 12 de marzo de 2009

Otras cuentas

La mandaron a dormir. A regañadientes dio abrazos y besos y subió la escalera que la llevaba a su cuarto. Dormir a esta hora, con gente abajo, aunque mañana hubiera que ir al colegio. ¡A quién se le puede ocurrir dormir así! Entonces se levantó de un salto y me trajo, como un brisa fresca, otra pulsera: de maderitas, con cuentas y flores verdes y fucsias. Y se volvió a la cama. A mí me quedó el corazón como un soplido de primavera.

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