lunes, 16 de marzo de 2009

¿Por qué?

Preguntarse el porqué de la entrada anterior es tan inútil como, por ejemplo, saber qué vino antes si el huevo o la gallina: el huevo está en el anaquel de las tartas en Carrefour y la gallina la atrapó Knorr. Eso es todo. Voy hacia mi etapa erizo. Simple, sencillo y cíclico erizo. Y si insisten en pasarme la mano para desanudarme los puedo pinchar. ¿Alguna vez se les clavó una espina de erizo? ¿No? Bueno, es mucho peor que la aguja en el pajar. Para los erizos no hay nada más enfermante que nos indiquen que tenemos que aflojar. Somos animales solitarios por naturaleza, como ya habrán podido saber. Hay que aprender a convivir con nosotros. No es tarea fácil, ni tierna, ni dulce, ni cálida. No es tarea siquiera. Es un simple dejarse estar. Para ello se requiere de una enorme paciencia que no todos estan dispuestos a sostener: es como saber que el chocolate está en la mesa y fingir todo el tiempo que no lo vamos a comer. Prudente distancia si nadie quiere amanecer con una espina clavada en el dorso del corazón.

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