domingo, 12 de abril de 2009

Domingo de Pascua

Me dormí. Me desperté. Y el día es diferente. Hay tanto silencio que parece que viviera en medio de la nada. Se oye gotear una canilla sobre la loza del lavabo. Huele a perfume de domingo a la tarde. Acabo de perder un cepillo de dientes que me gustaba mucho y quiero recuperarlo. Me dormí con un tipo en la tele que hablaba de un viaje por Gales y después fui a la cama y no recuerdo qué más pasó. Cuando abrí los ojos el sol estaba alto y el viento había tirado un cuadro. En puntas de pie, lavé lo que quedó de anoche y el cielo era una pincelada azul, extendida y profunda. Felices Pascuas. Quiero bailar. Bailar hasta caer rendida otra vez entre sábanas que huelan a jabón. Y que me llenen de risa las páginas de Cervantes que se encienden como lámparas de una guirnalda de carnaval y titilan en medio de un otoño que sabe a verano pacífico. Quiero beber agua y que caiga por el cuelllo y el pecho y se moje mi vientre una y otra vez hasta mis muslos largos como esta noche y todas las que vendrán porque estoy viva y tengo un corazón de sangre espesa y caliente y un alma de pura intensidad azul. Me hablan las enredaderas que caen por la ventana que da hacia el río de donde llega el viento. Me dormí y me desperté. Y canto. Nada más.

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