jueves, 30 de abril de 2009

Ikaria


Ana lo dice simplemente. Como si me dijera que me tome el 60 y me baje en Junín y Santa Fe. Mi cerebro se llena de colores azules y me queda vibrando el corazón. "Si tienes tiempo en tu viaje a Europa, te invito a conocer esta parte del Mar Egeo. Puedes quedarte en nuestra casa, ya que tenemos sitio ¿Te animas?" Mi imaginación tiene plumas pegadas con cera para volar y hundirme en el mar Egeo. Me deslizo, lenta, en mis propias ensoñaciones infantiles cuando me encerraba a pensar que Grecia había sido inventada para mí. Me dejo planear por el hilo extenso de Teseo y Asterión esperando que le llegue el redentor. Ariadna suspira nostálgica en brazos de Dionisos mientras Fedra se entrega al rótulo de un amor incestuoso que no fue. Medea en Corinto asesina a sus hijos y nadie escribe una carta para reclamar. Los dioses no la juzgan y la dejan huir en un carro de dragones dorados. Antígona grita por la palabra de Zeus y se descubre, al final, que era otra hija excesiva de un padre que no supo ser cauteloso con su propio deseo. Ifigenia se entrega al poder de su padre Agamenón mientras su madre ejecuta venganzas y Electra es una pobre chica a la que la vida, como un tango, la engañó. Me dejo ir como si me tomaran la cintura unas manos de hombre y recorrieran sus yemas la delgada planicie de mi piel. La imaginación sabe a miel dorada y libaciones nocturnas, sabe a la arena de Grecia y a cada uno de sus ásperos olivos en esta madrugada de inquietudes variadas. Por alguna razón que desconozco, los dioses me son favorables y Teodoro -al fin y al cabo regalo divino él también- ha llegado a mí con una canasta de frutas silvestres. Pero no nos es dado a los humanos comprender los designios olímpicos, tan sólo permanecer en el agradecimiento inicial. Soy Galatea al despertar en pleno estado de beatitud.

No hay comentarios:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...