viernes, 17 de abril de 2009

Un vagón para mí

Ahora es todo más sencillo.
En los andenes centrales del subte una puede elegir adónde ir.
A mí me gusta ver pasar los trenes repletos de gente que va a trabajar.
Yo me quedo sentada en un banco, como si fuera una plaza, mientras la estación crece como una semilla oculta adentro de una maceta.
Si alguien me toca la mano, creo que me pondré a llorar.
Acá abajo no hay barriletes de papel de seda azul y yo tengo tantas cosas por hacer.
¿Quién dijo que no sería más fácil hablar de lechos ocupados por fantasmas a la hora del té?
Pero las mansiones victorianas siempre están vacías mientras Alicia deambula como sonámbula entre jarrones y cuadros simétricamente dispuestos para hacerla tropezar.
Repentinamente lo sencillo se torna complicado y los subtes no dejan de pasar.
A mí me estallan la cabeza y el corazón a razón de veinticinco veces por día y no deseo cargar una bolsa de piedras que todos insisten en depositar sobre mí.
Aunque llames para decir lo que decís yo ya no te voy a oír más.
No tengo más espacios para tus miedos que son tuyos y no me tocan: les palmeo la espalda y los subo al próximo vagón que sale rumbo a Constitución.
En el kiosco pago por un café que ya sé que sabrá mal.
Pienso que en menos de tres meses voy a estar tan lejos que nadie me va a poder telefonear y el mundo será luminoso como una esfera de cristal.
Cuando moje mis pies en el mar de la historia sabré de dónde vine a salir.
El subte que para ahora está vacío y brilla como una piedra en su soledad interior.
Ese es el que yo elijo para viajar.
Se cierran las puertas y partimos rumbo a la próxima estación donde revolotean delgadas mariposas violáceas en un cuarto azul.
Tengo un vestido de algodón blanco en mi maleta y lo voy a usar para bailar.
En un rincón del andén alguien toca un violín y la música trepa por una escalera de corcheas por donde puedo comenzar a subir.


3 comentarios:

Macachines dijo...

si dentro de 3 meses te tomas el metro y te bajás en Sol , podríamos tomarnos un café con los mejores croissants de Madrid. allí en una mesita de la Planta alta de la Mallorquina, así conocés a mi Pablito y a Cris, después del no encuentro de Buenos Aires.

Lululi.* dijo...

Siempre pensé que las estaciones de subte son mágicas.
Te amo, Jujuli.
AH! Y nunca te dije que me encanta tu puerco(o cuerpo, no sé bien cómo se dice porque de ambas formas suena lógico) espín.

:)

Julieta Pinasco dijo...

Lululi: es que mi cuerpo es de puerco espín y cada tanto saco las agujas y pincho.

JuanCa: Creo que paso dos días en Madrid rumbo a Jerez, pero todavía no lo sé a ciencia cierta.

a los dos besos besos y besos
Juli/ Jujuli

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