jueves, 28 de mayo de 2009

¿Así?
Sí, así.
Así se mueven entre los huecos que dejan los pliegues del peritoneo como una ligera cosquilla de sus alas de colores.
Y van y vienen y se cuestionan esas cosas que no contesta nadie porque nadie pregunta.
A veces aletean hasta el borde de la garganta y bajan hasta el pozo de la cadera y allí parecen adormecerse.
Hay períodos en que se esfuman apenas delineadas en un trazo de vuelo que se escapa.
Desaparecen.
En otros días se agitan como encerradas en un vaso de cristal líquido que se va oprimiendo.
Se asoman a los ojos, a los labios, por los cabellos, por las orejas y desean salir: a respirar aire puro, a mojarse en el agua, a quemarse en el fuego.
¿Así?
Sí, así.
Mariposas en la panza.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Mariposas en la panza. Mariposas en el pecho. Mariposas en la garganta. ¿Quién es la única mariposa?
Jean-Michel, el de acá nomás.
Llamá, perdida.

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