Ceguera

Sujeta con un hilo invisible me deslazo.
Qué bien dormís con los ojos cerrados.
Casi bonito.
Cuando aún es de noche yo salgo de puntillas.
No vaya a ser que te despiertes y me pidas que me quede a esperarte.
Afuera sopla el viento frío, pero es como estar en casa: ya estoy acostumbrada a la selva de hielos.
Camino por la calle vacía hasta las avenidas solitarias.
Y vos te despertás, pero seguís con las pupilas ciegas.

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