viernes, 15 de mayo de 2009

Ceguera

Sujeta con un hilo invisible me deslazo.
Qué bien dormís con los ojos cerrados.
Casi bonito.
Cuando aún es de noche yo salgo de puntillas.
No vaya a ser que te despiertes y me pidas que me quede a esperarte.
Afuera sopla el viento frío, pero es como estar en casa: ya estoy acostumbrada a la selva de hielos.
Camino por la calle vacía hasta las avenidas solitarias.
Y vos te despertás, pero seguís con las pupilas ciegas.

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