domingo, 3 de mayo de 2009

Domingo de sol en casa



El día se hace una espiral concentrada en un nudo pequeño de perfume. Hay sol a mares por mi azotea. Lavo la ropa y la tiendo. Después me baño y me tiendo. Leo, escribo y recuerdo el encuentro de ayer con Bernarda (¿ocho años después?). Como yogurt, tomo café, ando descalza, baldeo el piso rojo de mi terraza. Me dejo estar en un latido largo y perezoso. Canto con las canciones que suenan en la computadora. Me dejo encantar por la música agreste de un desconocido seductor. Hablo por teléfono. Me río como hace tiempo no lo hacía. Trabajo. Voy de un libro a otro picoteando. Pienso en la semana. Me desperezo al sol extendida cuan larga soy. Me veo un poco delgada. Debería proponerme comer más, pero me olvido al rato. Hago las compras de la semana. Limpio la cocina. Barro. Duermo un rato y me despierto enredada en mis propios aromas concentrados en una cinta de placer y de risas. Leo que "para dispersarse se cuelgan de un hilo y se dejan llevar por el viento." Tomo la seria decisión de que me lleve el próximo golpe de aire en medio del agua limpia que huele a lavandina sobre las baldosas. Pienso que, curiosamente, es otoño y lo siento primavera, que hoy juega Huracán y que estoy viva.


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