sábado, 23 de mayo de 2009

La clé

Tengo una llave chiquitita con empuñadura de plata labrada donde hay unas flores añiles esmaltadas con unos pajaritos en las hojas verdes que llevan unos moños de rocío en el pico rosado. Si querés, te la regalo. Así, sin nada a cambio...te la regalo.
Pero te aviso que deberás tener mucho cuidado porque es una llave que abre casi todos los sitios: cajas de música con sonidos de vientos guardados hace tiempo; perfume de piedras que saben a tiempo, a polvo, a canto; plumas transparentes de gasa blanca; alguna que otra palabra que nunca quise decir y espera para habitar en mi boca: manos que aguardan que perdure la noche para siempre; pasajes plegaditos a tierras infinitas; milagros tales como que el huevo frito salga liso, que el café con leche tenga espuma, que el pan leve y el merengue se dore sin quemarse; secretos que se dicen al oído mientras se besa mucho; abrazos de puerta a puerta como la ropa tendida en las calles de Nápoles; faldas de telas claras y las piernas desnudas; la luz azafranada de la Toscana en el mes de febrero; el sol hundido en el Mediterráneo como una naranja roja; vuelos de corazón abierto sin despegar los pies de la tierra mojada; esa siesta en que una se ovilla en busca de un resguardo; pedacitos de historias que contar en la hierba debajo de un cielo negro y cuajado de estrellas; amaneceres que llegan después que no se duerme y otros que vienen cuando una ha dormido hasta cansarse de continuar durmiendo. Esta es mi llave. Si querés te la regalo...es a cambio de nada.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Siempre quise esa llave, pero, vaya a saber por qué, no me tocaba a mí. Te amo, Pinasco, aunque nunca te acuerdes de mí y me llames. Soy el hombre que está solo y espera. ¡Qué le voy a hacer...!
Que el viaje sea todo lo bueno que necesitás después del fin de año terrible del 2008. Flaquita, te voy a extrañar.
Martín B.

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