miércoles, 13 de mayo de 2009

La costura

Tengo caliente en mi bolsillo un trozo de papel que dice 4 de julio de 2009, doce y treinta horas.
Así que a todos ustedes -sí, sí, a vos también- les aviso:
Deberán arreglárselas sin mí, sin mí de manera absoluta y definitiva. A punto de doblar la curva de mi vida, he decidido que es un buen momento para empezar a cargar sólo con la suela de mis zapatos, que ya bastante tengo con ello.
Pienso pasar este tramo en absoluta liviandad y alegría así que ni se molesten en reclamos, escenas, puesta en palabras de asuntos imposibles, pelotudeces varias en tren de resumir.
En síntesis, para joder, golpeen otra puerta porque esta se cierra para cosas de esa calaña.
Tengo adelante cincuenta y tantos días para el 4 que va ser uno de esos sábados de invierno luminosos y fríos. Pediré un remise -siempre es mejor prever desastres de último momento- e iré en la mañana azul a Ezeiza para encontrar el tramo de mis sueños que me deposite en el verano soleado de París. Caminaré sola -de soledad absoluta- por esas calles hasta dar con Shakespeare & Co y esta vez voy a entrar a revolver estantes hasta hartarme. Volveré a esa baguette en el Boulevard Saint Germain y a Père Lachaise y a Clunny. Y me voy a reír como una loca en París sin hojas secas, sin gente que me atormente y me mate el alma que sigo teniendo pura y buena.
Yo sí sé que estoy despierta y tengo los ojos abiertos porque jamás los cerré y seguí peleando hasta perder la carne y quedar como un hueso al golpe de los vientos.
Los quiero a todos - sí, sí, a vos también- , pero no voy a dejar que se me prendan más alimañas a la costura del corazón. Nunca más.

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