lunes, 25 de mayo de 2009

La foto con mi madre


Porque en una caja de más de mil fotos, ésta es la única donde estamos juntas mi madre y yo .

Cuando mi madre me dejó caer de su amor para siempre, yo podría haber elegido morir de desesperación porque no hay exilio más terrible que el que aleja del pecho de su madre a una niña, yo podría haber asumido que mi existencia era desechable y haberla arrojado a la basura sin más ni más. Y no. Ese mismo, ese exacto día en que ella decidió que en su corazón yo no tendría ningún lugar, yo decidí también que viviría y que tendría los ojos más abiertos porque el dolor venía pegado indisolublemente al amor para siempre. Y tuve que gestarme a mí misma, darme calor en las noches de miedo, consolar mis tristezas, hacerme fuerte en mi fragilidad, cuidar por mí porque nadie lo haría, sobrevivir a todas las desgracias que siempre me rozaron sin mellarme demasiado. La mano de mi madre, en esa silla, no me toca siquiera y su rostro está perdido, lejano, indiferente y con los ojos cerrados; y yo, ahora como entonces, tengo los libros que me permiten cada día sobrevivir.

1 comentario:

Ana María Espinosa dijo...

Hola Julieta: Me conmovió este texto. Te dejo una dedicatoria en mi blog.
Con todo el cariño.

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